VII Festival de Teatro Carmentea: Red Carmelitana de Teatro (2019)

Imagen tomada de: http://www.teatrotespys.org

El VII Festival de Teatro Carmentea: Red Carmelitana de Teatro, celebrado del 24 al 30 de marzo de 2019, es un evento que reúne el arte escénico del municipio del Carmen de Viboral. Este espacio de conflagración artística alimenta la programación cultural local y precede el XXIV Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble, referente importante cultural de la región, celebrado anualmente en este municipio.

Es interesante que Carmentea como festival local funcione de antesala al festival internacional, esta coincidencia le da coherencia y cuerpo a la proposición cultural y artística de la región.

Tuve oportunidad de asistir a cuatro obras de teatro, las cuales, en términos generales, se vieron bien planificadas en términos logísticos. Carmentea es un festival oportuno, como plataforma de exposición local que integra las artes escénicas del municipio y fortalece los vínculos gremiales.

Sabemos bien que El Carmen de Viboral es un exponente importante de la región en cuanto cultura y desarrollo teatral; por tanto, este tipo de eventos confirman su vigencia y futura permanencia como referente altamente influyente.

Es innegable la pertinencia de debatir temas políticos a través del arte, y esto es comprensible como característica que pondera en la actualidad, porque es el relato de una realidad punzante. Sin embargo, siento que se vuelve repetitivo este estilo de teatro, lo que puede producir hastío y prejuicio en el espectador (colombiano promedio saturado de temas políticos a través de todos los medios).

Es adecuado integrar en la programación eventos con temáticas variadas, abstractas, y tal vez más poéticas, que refresquen y amplíen la oferta y demanda de las artes escénicas en esta localidad.

Fue acertado que la clausura del festival se hiciera con una obra de danza, también polémica en su temática, donde se planteó un tema de género y erotismo desde el lugar de lo indefinido. Dicha obra alivianó el resaltado tinte político del que venía el espectador; refrescó el festival y se impuso como un lenguaje diferente para hablar también de temas controversiales y actuales.

Foto: Valentín Betancur

Acrecentar este tipo de propuestas es una manera de integrar el arte escénico de la localidad y representa una oportunidad para que los colegas de este oficio, se relacionen como pares. Su combinación, evidentemente, potencia todo proceso artístico concebido.

En este orden de ideas, Carmentea propone una nueva dinámica: intensa, atractiva y seductora. Los artífices del festival apuestan por la hibridación: teatro y danza, como expresiones hermanas, como cómplices de una nueva aventura.

La invitación a los carmelitanos es a ambicionar desde la calidad y el fortalecimiento de los procesos formativos; esta armonía augura una transformación sustancial, necesaria y trascendental para todos como comunidad.

El artista que trabaja con el cuerpo tiene un reto personal imperecedero, es un atleta de tiempo completo, debe potenciarse constantemente con tal terquedad e intensidad que sobrepase sus propios límites.

Cuando aparece la comodidad en nuestro oficio, debemos cuestionarnos y darnos a la tarea rigurosa de indagar, movilizarnos, investigar y, finalmente, incomodarnos y, a partir de la incomodidad, rastrear el poder inagotable que nos potencie como hacedores de lo expresivo: privilegiar la continua búsqueda.

Espero entusiasta los festivales próximos para continuar saboreando este arte corporal que me aviva. Es emocionante alimentarse de propuestas creativas que están vivas, ansío relatar sobre ellas; atravesar con la palabra las sensaciones que me provoca ver teatro y danza, expresiones que respiran.

Las obras reseñadas, vistas en el marco del festival, fueron: Trenzas encadenadas, El monte calvo, Contra el amor, contra el progreso, contra la democracia y Zapatos. A continuación, encontrarás la reseña de cada una de ellas.

Trenzas Encadenadas – Dramaturgia y dirección de Cristian David Tobón (2019)

Foto: Manuel José

Ingresar a la sala y ver instrumentos musicales, para mí, es reconfortante; algunos coincidirán conmigo en agradecer la posibilidad de este recurso en la escena porque, por lo general, la interpretación de música en vivo robustece la performatividad de las propuestas. Trenzas encadenadas es una obra con este componente, la sonoridad está a cargo de una batería y un bajo eléctrico.

Esta pieza contiene cinco escenas; a través de ellas se tocan tres situaciones polémicas sociales de Colombia, presentadas desde la crítica hacia lo político. La primera es la tauromaquia como contrariedad debatida a nivel nacional; la segunda es el riego de mercurio como afectación ambiental en la región antioqueña; y, la tercera, es sobre una problemática local referente al manejo del recurso hídrico en El Carmen de Viboral. Las tres propuestas son los temas transversales de la pieza, vistas como algunas de las afectaciones globales de la actualidad.

La dinámica de la obra es fácil de interpretar para el espectador, tanto así que se vuelve un poco predecible y llega a parecerse a una ponencia con temas y subtemas. Entrando en contexto, y teniendo en cuenta que el elenco de este grupo lo componen jóvenes de la Institución Educativa El Progreso, se entiende la naturaleza de la propuesta y es comprensible su desarrollo en la escena.

Dicho esto, expongo algunas apreciaciones sobre la obra: el manejo del tono de la voz, en ocasiones fue excedido y se confundió proyectar con gritar; la predisposición de los cuadros escénicos era muy similar entre sí, esto es previsible para el espectador; la literalidad en esta obra estuvo bien justificada, pero podría menguar un poco; el vestuario, iluminación y espacio sonoro convergieron de manera coherente; y, la interpretación de los actores, me sorprendió gratamente, ¡hay talento joven emergiendo!

Es crucial potencializar los procesos formativos como este, capturar a la juventud y ofrecerles, desde el arte, otro tipo de reclutamiento; uno muy diferente al que tanto repudiamos en nuestro país. ¿Qué acto más resistente que este? ¿Qué defensa más genuina que esta? Nuestra apuesta como gremio artístico debe fundamentarse en la germinación de estas semillas; a través de la formación construyamos escuela.

El Monte Calvo – Jairo Aníbal Niño – Dirección: Fredy Alzate (2019)

Foto: Valentín Betancur

La violencia en el combate provee diferentes tipos de víctimas. El monte calvo nos cuenta sobre aquellas resultantes de nuestro sistema estatal enceguecido que prioriza la guerra. Esta obra relata la historia de tres hombres adultos, víctimas de una suerte miserable al final de sus vidas; es el drama de dos exmilitares cercenados por el filo de la guerra y el de un artista jubilado por la pobreza.

Esta pieza teatral es de carácter político; la crítica se hace desde la tragedia y la ironía. La dinámica de la obra es plana, tanto que al inicio esto se prevé y no genera tanta expectativa; sin embargo, conforme avanza la trama, se genera una buena afición con ella.

Es de pocos recursos escenográficos, y los cambios entre cada acto son lentos, lo cual no la convierte en una obra aburrida, aunque hilaron muy delgado y se arriesgaron a hacer de lo menos un poco más; así que la intención dramatúrgica se sostiene sobre dicha planicie.

Foto: Valentín Betancur

El monte calvo es una obra equilibrada en cuanto a la proposición de los elementos en la escena. La adultez de los actores refleja cierta tranquilidad en el desarrollo de sus personajes; el manejo del gesto fue acertado, todo esto armonizó en la puesta en escena y la hizo asimilable.

 En ocasiones, me molestó un poco el tono de voz utilizado por los actores; tenía cierto timbre que lo hacía muy monótono. Este aspecto podría tomarse en cuenta ya que toda la obra se desarrolla a través de la palabra, historias contadas articuladas por el diálogo.

Este colectivo artístico podría aventurarse a desacomodarse un poco más en lo que respecta a las ambiciones como profesionales; desconozco su formación en el oficio, pero sentí cierta comodidad al respecto.

Contra el amor, Contra el progreso, Contra la democracia – Esteban Soler – Dirección: Fernando Arcángel Aristizábal (2019)

Foto: Valentín Betancur

Esta obra convocó un número considerable de espectadores, estuvo el aforo lleno e incluso hubo sobreocupación de la sala, así que antes del ingreso se podía visualizar la expectativa de los asistentes.

Al iniciar la obra se presentaron fallas técnicas en luces y sonido; sin embargo, el equipo encargado dio solución al impase y se reinició la obra.

Contra el amor, contra el progreso, contra la democracia es una pieza que, desde su nombre, plantea temáticas evidentemente de carácter político; su título también suscita cierta densidad, la cual se comprueba cuando se presencia la puesta en escena.

Me aventuro a inferir que esto puede deberse, de cierto modo, al contexto del elenco: los intérpretes son estudiantes de la primera cohorte de arte dramático de la Universidad de Antioquia (seccional Oriente); y digo esto porque, desde mi experiencia, considero que las primeras creaciones artísticas de un colectivo pueden verse saturadas de intenciones dramáticas, en respuesta a una ambición desde el oficio, sujeta, además, a la presión que supone ser pioneros en procesos culturales y académicos de la región.

Esta dramaturgia tiene básicamente siete actos o escenas claramente conceptualizadas. La primera es una pasarela de algunos personajes, presentados desde la excentricidad y lo grotesco; la segunda plantea la televisión literalmente como la “caja mágica”: la ficción como realidad; la tercera es una apología al movimiento nazi, desde el desprecio por la humanidad; la cuarta representa la escuela y el abuso, narrada desde la analogía; la quinta es una representación de la típica relación de pareja y sus vicisitudes; la sexta habla sobre el exterminio de la humanidad como plaga corrosiva; la séptima y última escena, expresa lo político, las democracias, la corrupción y la represión.

Claramente, se propone la composición de la escena desde múltiples panorámicas, lo cual hace más compleja la digestión de esta pieza. Igualmente sucede con la escenografía; es abundante y generalmente se aborda desde la exageración. Se comprende que, desde la intención dramática, se desea incomodar, conmover y agredir al espectador.

Estas afirmaciones corresponden a una apreciación personal, que preferencia el minimalismo, lo abstracto y las lecturas poéticas alejadas de la literalidad. Estoy plenamente consciente de que este estilo de propuestas ha existido y perdurarán en el campo teatral; así que, sin ánimo de desmeritar la complejidad de la propuesta, es de resaltar: algunas construcciones desde el movimiento corporal, los textos, la recursividad escenográfica, las dinámicas dramatúrgicas y la interpretación de los actores.

Es notable la formación académica de los artistas, se evidencia en el cuerpo, su entrenamiento, el manejo de la voz y el nivel de detalle que logran dilucidar. Abordar tanta densidad conlleva un trabajo dispendioso, al igual que la coexistencia de la cantidad de artistas, ideas, elementos, etc.

Foto: Valentín Betancur

Debo confesar que hubo un momento escénico que me generó angustia como espectador, el cual hizo salirme de la ficción y preocuparme por la realidad; situación desfavorable que deberíamos evitar como hacedores de las artes escénicas, donde ofrecemos una experiencia en vivo y en directo.

El momento angustioso del que hablo ocurrió en el segundo acto, la actriz (encarnando a su personaje) encendió, fumó y desecho encendidos tres cigarrillos sobre el proscenio.

Dicho detalle me generó incomodidad por tres razones: 1. Exceso: se agota la acción como recurso expresivo; 2. Riesgo: había una atmósfera altamente inflamable: el plástico de la escenografía, la madera, la tela, la electricidad; 3. Espacio cerrado: el hacinamiento de personas en este tipo de áreas hizo que el humo del cigarrillo, sumado al calor corporal, generara un ambiente asfixiante, del cual instantáneamente quise retirarme, aunque no lo hice.

Comparto que, en ciertas ocasiones, hay una clara intención de transgredir los espacios y/o trastocar a la audiencia, aunque considero que hay formas menos directas e invasivas de hacerlo; además que debemos cuidarnos de priorizar la cantidad en lugar de la calidad.

Reitero lo personal de mi apreciación; sin desconocer las libertades escénicas que pueden darse en este tipo de arte, cuestiono este aspecto desde la rigurosidad del oficio más allá de la temática que se elija desarrollar en la escena.

Zapatos – Rubén Darío Bejarano – Dirección: Mauricio Ceballos (2019)

Foto: Fabián Rendón

Es una obra de alto tinte político, refleja la realidad del conflicto armado en Colombia y el escándalo de los falsos positivos: casos repudiables de asesinatos y desapariciones de civiles para ser pasados por paramilitares y, de esta forma, rendir cuentas gubernamentales; penosa situación donde se vio involucrado el Ejército Nacional de este país entre el año 2006 y 2009.

La dramaturgia es verosímil en cuanto a las víctimas, los dolientes y los victimarios de esta guerra. El calzado es una analogía a la muerte y es el símbolo tangible de las víctimas de dicho flagelo, caracterizadas por ser personas en estado de vulnerabilidad socioeconómica. La incertidumbre e impotencia de los dolientes es lamentable, ellos buscan respuestas: necesitan un cuerpo.

La representación de los victimarios es burlesca, son los payasos de un acto circense frío y escueto; son los jinetes del cinismo y el engaño. Las reglas del juego están calculadas, triunfo redundante que asquea (logro dramatúrgico).

Los recursos escenográficos son de uso y significado literal, puestos al servicio de la intención dramática; hacen de esta pieza una experiencia fácilmente digerible. No hay lugar para que el espectador abstraiga mensajes ocultos o haga interpretaciones poéticas, ya que el contenido de la obra es totalmente explícito.

Zapatos es una crítica directa a la atrocidad de la guerra y a la corrupción imparable en este país. Se plantea una situación donde la realidad supera a la ficción (alejándome del cliché); los crímenes inauditos ahogan este territorio e impera la necesidad de contar, gritar y escenificar este flagelo.