Oficio de difuntos – Jabrú Títeres (2019)

Foto: Daniel Arcila

Oficio de difuntos es una obra de teatro de títeres de la agrupación Jabrú, bajo la dirección y dramaturgia de Natalia y Jorge Libreros. Se presentó en el marco del XXIV Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble 2019 en la Casa Teatro Tespys en el municipio de El Carmen de Viboral (Antioquia) a las 11:00 p.m. Era la primera vez que asistía a una función en este horario, en esta sala y que veía este tipo de propuesta teatral así que, debo anticipar, fue una vivencia memorable.

La Casa Tespys es la nueva sede de Teatro Tespys Corporación Cultural, la Casa celebró su apertura el 14 de julio de 2019 junto con el lanzamiento del Gesto Noble de este año. Es un nuevo espacio para la cultura carmelitana, es un lugar con mística, abierto para todos donde suceden diversas expresiones de arte.

Jabrú llevó su magia a esta Casa y me regaló una aventura inolvidable. Jabrú es una agrupación constituida desde el año 2003 de la ciudad de Medellín, interesada en la elaboración de una estética particular de los muñecos, la búsqueda de sus diferentes técnicas y la exploración de la animación del títere. Su propuesta es innovadora, genuina y sublime; sin lugar a dudas, Jabrú es experto en el arte de encantar.

Su obra Oficio de difuntos superó todas mis expectativas, de hecho, me sorprendí al descubrir que me gustan los títeres, me sedujeron completamente desde su estética y poética en el relato, compuesto por micro-relatos, historias sobre la muerte y sus maneras, porque morir no es solo el acto, morir también es desaparecer, ser abandonado, ser rechazado o ser olvidado.

Esta propuesta es divertida, asume temas espinosos con sutileza y una belleza irreal. Una característica muy potente en términos creativos, es el lenguaje usado entre las marionetas, una especie de idioma encriptado… parecido a Pingu, la serie animada de los 90’s con la que crecimos algunos milenials.

Foto: Daniel Arcila

Las marionetas están producidas de manera prolija, son hermosas y están cargadas de signos; encarnan personajes tan reales como cotidianos. Sobre los titiriteros-actores siento profunda admiración, su concentración, talento, ingenio y pasión quedan reflejados en su movimiento, actitud y puesta en escena.

Para terminar, quiero compartir un comentario que escuché entre los espectadores al finalizar la obra, a manera de elogio, describieron a estos artistas como “los nerds del teatro”. A mi parecer, esta definición si hace justicia a Jabrú, por su nivel de detalle y precisión en la implementación escénica de su propuesta.

Oficio de difuntos es un oficio de genios.

El Bicho – La Espada de Madera (2019)

Foto: Alejandra Londoño

El Bicho es una obra con dramaturgia y dirección de Patricio Estrella, se presentó en la sala de teatro Tespys del Instituto de Cultura del municipio de El Carmen de Viboral (Antioquia) en el marco del XXIV Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble en el año 2019.

El grupo de teatro La espada de madera tiene una trayectoria escénica de más de 25 años desarrollando propuestas artísticas desde el teatro y los títeres en Latinoamérica. Su puesta en escena integra múltiples elementos, desde lo artesanal hasta el uso de las nuevas tecnologías.

Esta pieza teatral propone un uso particular de la escenografía y de la utilería, está toda contenida en una estructural multifuncional, móvil, convertible y versátil; es una especie de dado ambulante que muestra varias caras, conforme transcurre la obra.

El Bicho es la historia de un personaje peculiar contada por sí mismo, una criatura hibridada entre un científico, un biólogo, un filólogo y un filósofo, con su respectivo asomo de locura. Tiene una especial manera de hablar y una necesidad recurrente de dar la definición de las palabras peculiares que usa. Sus interlocutores son la conciencia y la muerte, representadas en pequeñas marionetas, cada una con una serie de códigos y cargas simbólicas muy sugerentes.

La conciencia de este personaje es literalmente una pequeña criatura que habita enjaulada en su cabeza; este es el gran logro de El Bicho, acallar la voz de su conciencia, controlarla, someterla y desahuciarla. Dar muerte a la propia conciencia es una propuesta poética muy elevada, y materializar esa vocecita es una abstracción muy interesante.

Por otra parte, el personaje de la muerte en esta obra es un poco más empático con El Bicho, la muertecita está representada por una marioneta en forma de calavera, un ser femenino que seduce a través de su danza. Se entrevé cierta relación sensiblera entre El Bicho y la muertecita, cierta complicidad pícara, cierto romance.

Así pues, las relaciones transaccionales entre los personajes de esta obra son atípicas, proponen una visión alterada de la realidad, una cotidianidad particular. Me divertí con esta propuesta artística, integra a los espectadores, genera nuevas reflexiones y recrea imaginarios nuevos.

Un buen morir – Teatro de los Andes (2019)

Foto: Farley Giraldo

Con la dirección del chileno Elías Cohen y texto del poeta Alex Aillón Valverde, la agrupación Teatro de Los Andes presentó la obra Un buen morir en la sala de teatro Tespys del Instituto de Cultura del municipio de El Carmen de Viboral (Antioquia), en el marco del XXIV Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble en el año 2019.

Teatro de Los Andes es uno de los referentes más importantes en la escena artística latinoamericana, su acogida dentro de la programación fue masiva y esperada, esta agrupación tiene experiencia en la escena carmelitana.

Un buen morir es una historia dramática sobre el amor y la muerte, una experiencia estremecedora que atraviesa la vida de una pareja, cuyos personajes representan a un par de actores maduros. Encuentro especial encanto en la propuesta artística que inserta la obra dentro de la obra, es decir, aquella en la que cuesta distinguir entre realidad y ficción, donde hay oportunidad para la ambigüedad, las grietas y los excesos de realidad. Esto me atrapa.

Un logro dramatúrgico interesante es la forma en la que se abordan temas espinosos como el suicidio, con tal sensibilidad y elaboración que seduce al espectador. Su belleza es descarada, toca las fibras más profundas. Quiero citar textualmente una línea declamada por el actor: “la enfermedad es la muerte escupiendo en tu boca”, estas palabras te sacuden y te recuerdan la fragilidad de los cuerpos, es la obviedad transferida en poética.

Esta pieza está provista de aciertos estéticos importantes, la implementación técnica y la producción es interesante y eficiente, especialmente su escenografía. La optimización del recurso está dada de manera creativa y funcional, generando diferentes atmósferas e imágenes estéticas memorables; una de ellas es la lluvia dentro del escenario, momento sublime e inverosímil que me recordó a la emblemática Pina Bausch y su desafiante propuesta sobre la puesta en escena.

Un buen morir es una ensoñación del amor, aquella abstracción mental que, de una u otra manera, nos conduce a alguna muerte.

El Sueño de Lilith – Sarah Storer (2019)

Foto tomada de: https://www.teatromayor.org

Esta obra fue presentada en el Teatro Metropolitano Jose Gutiérrez Gómez en Medellín en el marco de la gira nacional Alma en movimiento, programa de formación en danza del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá, bajo la dirección de la coreógrafa británica Sarah Storer.

Storer es egresada de la Northern School of Contemporary Dance de Leeds y la Central School of Ballet de Londres, se encuentra radicada en la capital colombiana desde hace 10 años aproximadamente, ha trabajado con numerosas compañías y coreógrafos de talla nacional e internacional. Sarah es una artista interesada en la diversidad cultural colombiana, su trabajo con los artistas residentes ha multiplicado las experiencias estéticas de la danza en este país.

El Sueño de Lilith: Símbolo de rebeldía e independencia, Lilith es un espíritu que busca la libertad, su propio camino. Quien fuera la primera esposa de Adán en el mito del Edén, antes de la creación de Eva, fue castigada y demonizada por rebelarse a su yugo cuando voluntariamente lo abandonó a él y al paraíso.

Esta obra es una apología al empoderamiento femenino y cuestiona los sistemas heteronormativos impuestos desde la mitología y desde la historia del cuerpo, aquella donde se referencia a la mujer como lugar de lo tentativo, pecaminoso y oscuro. Este es un tema que en lo personal me encanta y no porque yo promulgue algún tipo de feminismo, sino porque estas temáticas dan lugar a la pregunta acerca de la libertad del ser humano sin categorías, la idea de la hibridación o de una frontera invisible en lo que respecta al género.

Imagen tomada de: https://www.teatromayor.org

El sueño de Lilith amplía el espectro sobre la interpretación del mito y desarrolla dinámicas estéticas mucho más amplias; desde el recurso de los cuerpos inertes y los cuerpos orgánicos se establece cierto tipo de relación que, puestos en contraste, logran imágenes poéticas fuertes y bellas.

Adicional a la excelente concepción artística y a los cuadros coreográficos bien logrados, es reconfortante apreciar la exquisitez técnica de los bailarines y el refinamiento de la producción. Todo actúa en conjunto para transmitir una experiencia escénica muy agradable de ver.

Esta obra es concebida técnicamente desde la danza contemporánea, podría decir que es un referente de calidad para el arte nacional. La interpretación de los bailarines fue prolija, en la medida en que no se visualizaron desproporciones técnicas. Se propone un cambio de vestuario interesante en la escena, la luminotecnia y la música utilizada es coherente con la intención corporal.

En conclusión, fue grato soñar con Lilith.

Contra el amor, Contra el progreso, Contra la democracia – Esteban Soler – Dirección: Fernando Arcángel Aristizábal (2019)

Foto: Valentín Betancur

Esta obra convocó un número considerable de espectadores, estuvo el aforo lleno e incluso hubo sobreocupación de la sala, así que antes del ingreso se podía visualizar la expectativa de los asistentes.

Al iniciar la obra se presentaron fallas técnicas en luces y sonido; sin embargo, el equipo encargado dio solución al impase y se reinició la obra.

Contra el amor, contra el progreso, contra la democracia es una pieza que, desde su nombre, plantea temáticas evidentemente de carácter político; su título también suscita cierta densidad, la cual se comprueba cuando se presencia la puesta en escena.

Me aventuro a inferir que esto puede deberse, de cierto modo, al contexto del elenco: los intérpretes son estudiantes de la primera cohorte de arte dramático de la Universidad de Antioquia (seccional Oriente); y digo esto porque, desde mi experiencia, considero que las primeras creaciones artísticas de un colectivo pueden verse saturadas de intenciones dramáticas, en respuesta a una ambición desde el oficio, sujeta, además, a la presión que supone ser pioneros en procesos culturales y académicos de la región.

Esta dramaturgia tiene básicamente siete actos o escenas claramente conceptualizadas. La primera es una pasarela de algunos personajes, presentados desde la excentricidad y lo grotesco; la segunda plantea la televisión literalmente como la “caja mágica”: la ficción como realidad; la tercera es una apología al movimiento nazi, desde el desprecio por la humanidad; la cuarta representa la escuela y el abuso, narrada desde la analogía; la quinta es una representación de la típica relación de pareja y sus vicisitudes; la sexta habla sobre el exterminio de la humanidad como plaga corrosiva; la séptima y última escena, expresa lo político, las democracias, la corrupción y la represión.

Claramente, se propone la composición de la escena desde múltiples panorámicas, lo cual hace más compleja la digestión de esta pieza. Igualmente sucede con la escenografía; es abundante y generalmente se aborda desde la exageración. Se comprende que, desde la intención dramática, se desea incomodar, conmover y agredir al espectador.

Estas afirmaciones corresponden a una apreciación personal, que preferencia el minimalismo, lo abstracto y las lecturas poéticas alejadas de la literalidad. Estoy plenamente consciente de que este estilo de propuestas ha existido y perdurarán en el campo teatral; así que, sin ánimo de desmeritar la complejidad de la propuesta, es de resaltar: algunas construcciones desde el movimiento corporal, los textos, la recursividad escenográfica, las dinámicas dramatúrgicas y la interpretación de los actores.

Es notable la formación académica de los artistas, se evidencia en el cuerpo, su entrenamiento, el manejo de la voz y el nivel de detalle que logran dilucidar. Abordar tanta densidad conlleva un trabajo dispendioso, al igual que la coexistencia de la cantidad de artistas, ideas, elementos, etc.

Foto: Valentín Betancur

Debo confesar que hubo un momento escénico que me generó angustia como espectador, el cual hizo salirme de la ficción y preocuparme por la realidad; situación desfavorable que deberíamos evitar como hacedores de las artes escénicas, donde ofrecemos una experiencia en vivo y en directo.

El momento angustioso del que hablo ocurrió en el segundo acto, la actriz (encarnando a su personaje) encendió, fumó y desecho encendidos tres cigarrillos sobre el proscenio.

Dicho detalle me generó incomodidad por tres razones: 1. Exceso: se agota la acción como recurso expresivo; 2. Riesgo: había una atmósfera altamente inflamable: el plástico de la escenografía, la madera, la tela, la electricidad; 3. Espacio cerrado: el hacinamiento de personas en este tipo de áreas hizo que el humo del cigarrillo, sumado al calor corporal, generara un ambiente asfixiante, del cual instantáneamente quise retirarme, aunque no lo hice.

Comparto que, en ciertas ocasiones, hay una clara intención de transgredir los espacios y/o trastocar a la audiencia, aunque considero que hay formas menos directas e invasivas de hacerlo; además que debemos cuidarnos de priorizar la cantidad en lugar de la calidad.

Reitero lo personal de mi apreciación; sin desconocer las libertades escénicas que pueden darse en este tipo de arte, cuestiono este aspecto desde la rigurosidad del oficio más allá de la temática que se elija desarrollar en la escena.

Tomasín Bigotes y la bruja Candela – Teatro Bitácoras (2019)

Esta obra es una experiencia escénica para niños de cero a cien años, así lo afirma su director en la interlocución inicial, ¡y cuánta razón tiene! Combina de manera exitosa la música en vivo y las artes escénicas; ambas expresiones de arte dialogan entre sí con tal elocuencia que logran seducir al espectador en cada acto.

Tomasín Bigotes y la Bruja Candela es una producción de la agrupación Teatro Bitácoras, originaria del municipio de La Ceja (Antioquia), bajo la dirección de Abel Anselmo Ríos, los cuales han sido ganadores de varias becas de creación y circulación.

En esta ocasión Teatro Bitácoras presenta una colaboración artística con Nybram Sonidos del Mundo, grupo de folk y world music del municipio del Carmen de Viboral, también acreedor de varios premios y becas de creación.

La agremiación de estos dos colectivos artísticos logró una puesta en escena muy nutrida; por un lado, la dramaturgia sobre mitos y espantos de la región andina de Colombia (obra basada en la novela Tomasín Bigotes de Hernando García Mejía) y, por otro lado, la música en vivo con la producción Mitos de Aquí y Allá, escrita por el compositor Julián David Trujillo Moreno, sobre distintos mitos de la tradición oral colombiana.

Ambas agrupaciones artísticas habitan una misma temática contada desde diferentes formas de arte que, al mixturarse, crean una sola obra de manera indiscriminada; es decir, construyen un solo producto artístico, bien estructurado y de excelente calidad.

La limpieza escénica es reconfortante (vestuario, maquillaje, luces y escenografía); pese a la cantidad y variedad de elementos escenográficos, existe una clara justificación dramatúrgica para cada uno.

Es una pieza multidisciplinar donde la música, el teatro, la danza e incluso las artes plásticas se configuran para contar un historia mítica, legendaria y mágica bien articulada al lenguaje actual, moderno y coloquial, lo que hace sentir al espectador un tanto identificado.

Su riqueza discursiva nutre el espectáculo, se habla de conciencia ambiental, historias fantásticas, temas de género y hasta de la muerte; tópicos espinosos abordados de manera lúdica, lo cual transmite el mensaje con diversión y buen humor.

La interacción con el público está dada en la medida justa, con intervenciones precisas y estratégicas. La obra se inserta de manera pertinente en el contexto local y es apta para todo tipo de público; integra y captura al espectador, razón por la cual fue una acertada elección para inaugurar la tercera versión del festival Las Artes en Escena de La Ceja, Antioquia 2019.

Breaking – Pipo Tafel (2012)

Imagen tomada de: https://cargocollective.com

Esta producción audiovisual es una creación fílmica del director alemán Pipo Tafel, pensador creativo que incorpora la música y la danza en su trabajo de multimedia.

La coreografía es del artista argentino Leandro Kees y la interpretación está a cargo de él junto a la maestra colombiana Marcela Ruíz Quintero. Este video participó en Intermediaciones: muestra de videoarte y video experimental.

Es un videoarte considerado en el sentido amplio de la palabra; es decir, se hace una apropiación de la herramienta audiovisual en respuesta a la necesidad de usarla como recurso expresivo que demanda el deseo artístico; allí no solo hay danza, hay una cantidad de arte considerable y variable.

Breaking es un filme rodado en una playa, allí aparece una pareja cuyo diálogo corporal está intermediado por el contacto; la sensación recrea un movimiento circular, ondulatorio, energético, consecutivo y dinámico. 

La cámara juega con diferentes planos y elije las imágenes y los ángulos para la visión del espectador; esta característica en el videoarte tiene gran relevancia ya que es una decisión de intensiones premeditadas.

La danza en espacios no convencionales contiene unos presupuestos particulares en relación al entorno; en esta oportunidad existe una relación clara con la arena, el mar y la panorámica. La pareja habita el encuentro y el desencuentro a través del peso y el contrapeso.

Las sensaciones que me deja Breaking (Ruptura) son contrarias al significado literal de su nombre; me remite al movimiento en espiral de las relaciones humanas, a la amalgama, al vínculo, a lo inacabable, al contacto de los cuerpos y la necesidad de la dualidad; humanos como complementos pares y a veces dispares.

Las Bestias – David Señoran (2012)

Imagen tomada de: https://www.revistameta.com.ar

Las Bestias es una producción dirigida por el coreógrafo David Señoran, artista argentino destacado en la escena de su país. En 2009 creó la compañía que lleva su nombre; su línea de trabajo está enfocada hacia la danza contemporánea y el teatro.

Es un referente latinoamericano importante en la actualidad debido a su estado activo en el arte y a la convocatoria y residencia de artistas de diferentes nacionalidades dentro de su compañía.

Esta obra de danza aborda al hombre desde una perspectiva animal y salvaje; sobresale un lenguaje sobre la emancipación, lo natural y lo instintivo, dando lugar a desconexiones entre lo racional y lo intuitivo.

Se aprecia la transformación y mutación del ser en estados divergentes; sus intérpretes son varones, lo cual no es casualidad. Señoran inserta el concepto de vulnerabilidad en lo masculino, ésta dicotomía invita a reflexionar sobre las rotulaciones comunes de género porque, como bien lo dice el director: “aún en nuestros pensamientos profundos lo vulnerable pertenece a lo femenino”. Entonces, de entrada, es atrayente esta intención de reconsiderar los conceptos preconcebidos.

Son aproximadamente quince intérpretes en escena todo el tiempo; el escenario está desprovisto de bambalinas, la desnudez es literal; el ambiente, vestuario e iluminación son austeros; la música es escasa y puntual: sonidos bestiales, ruidos ambientales.

Durante la obra existe un único elemento escenográfico, el cual cumple un rol importante como emancipador. El sentido estético de esta pieza es simple pero coherente con la intención.

La acción corporal está cargada de potencia y testosterona, el gesto es eficiente para saber que el referente es el caballo, no precisamente unos corceles de paso fino, sino unas bestias salvajes de movimientos genuinos. Las relaciones están dadas entre la manada y el alfa dominante, y entre la manada y el amansador; en algunos momentos el centauro también es una figura gestada.

Las Bestias es un discurso corpóreo sobre la represión, la resistencia, lo imperativo, la relación domado-indomable, la segregación y el retorno a los orígenes. Es interesante ver el triunfo transitorio del hombre sobre la bestia, aquel arquetipo de lo indomable, cuya necesidad es hacer dócil al instinto.

Finalmente, la bestia siempre será bestia; su destino tiene forma de elipse y su esencia es retornable. La consagración de esta realidad refleja las discusiones sobre el ser humano, las interpretaciones pueden ser múltiples; yo dilucido una realidad ineludible: somos bestias domadas, dominantes, castradas, sacrificadas, salvajes, domesticadas, reprimidas, liberadas, pero nunca inmunes.

Pina – Documental de Wim Wenders (2011)

Imagen tomada de: http://www.ahmagazine.es

“My mind is power. My body is strong” («Mi mente es poder. Mi cuerpo es fuerza») fueron algunas palabras recitadas en una de las obras de la maestra Pina y, evidentemente, en el interior de esta artista habitaba un poder inconmensurable, una intención expresiva de dimensiones incalculables.

Pina es un filme escrito, producido y dirigido por Wim Wenders; es un homenaje para la coreógrafa Pina Bausch, no es sobre ella sino para ella.

En esta producción audiovisual aparecen fragmentos de algunas de las obras más influyentes de la coreógrafa y composiciones dramatúrgicas en espacios no convencionales; sus intérpretes hablan sobre su apreciación y experiencia de vida atravesada por Pina y sus creaciones.

Es innegable la capacidad de Pina para sobrevalorar los límites escénicos, artísticos y corporales en su danza; su versatilidad hace que, tal vez, lo único predecible en su obra sean los riesgos vertiginosos e insospechados que tomará.

La esencia Bausch es tan variable y sorpresiva como la existencia misma, desde sus bailarines, escenografía y recursos dramatúrgicos. Es por esto que su obra es tan influyente en el arte contemporáneo; genera un discurso poético especial, desarrollando de manera única los recursos escénicos de la danza y el teatro, puestos al servicio de su intención artística.

Replantea la validez del cuerpo y su potencia expresiva en cualquier contexto, espacio y tiempo; la imposibilidad no existe, la oportunidad siempre emerge.

Las acciones poéticas desde el gesto, la danza y el teatro componen imágenes visuales cuya plasticidad devela una integralidad del arte en plena armonía; lo que aquí describo puede ser inefable y, tal vez, solo sea comprensible cuando se presencia una de sus obras con toda su grandilocuencia.

Aparte de la riqueza técnica, su interés por abordar temas sensibles y discursar sobre las relaciones humanas, es un valor agregado que hace de la obra de Pina una experiencia emocionante, verosímil y rebosante para el espectador.


Café Muller – Pina Bausch (1978)

Imagen tomada de: https://cargocollective.com

Esta pieza es un clásico de la coreógrafa alemana Pina Bausch, quien revolucionó el contexto de la danza contemporánea en la época y en la actualidad sigue siendo un referente importante en las artes escénicas.

La obra es interpretada por tres hombres y tres mujeres (incluida Pina que permanece todo el tiempo en escena), los cuales intercalan su aparición. El ambiente es frío y austero; la escenografía se basta de una puerta giratoria, una pared y muchas sillas y mesas de café distribuidas de manera aleatoria por el escenario.

Todo el tiempo los intérpretes se relacionan con estos elementos; a veces, parece como si lo hicieran de manera improvisada debido a la naturaleza de la escenografía, lo cual es muy interesante porque genera un ambiente azaroso, dinámico, suspensivo y sorpresivo para el espectador. El vestuario es cotidiano e íntimo; la música, de Henrry Purcell, está presente durante casi toda la obra y combina con exquisitez con la atmósfera.

Café Muller es un eterno crepitar de emociones, es el individuo repitiéndose en su humanidad, es la constante elocución de las sensaciones, es el ser reflejado en su fragilidad y en la belleza que hay en esta.

Contiene códigos expresados de manera sublime, como el poder de un abrazo, la insistencia errática del ser, su existencia automatizada y el miedo a compadecer.

Puede decirse que esta pieza es danza-teatro por las operaciones escénicas y sus intérpretes (actores y bailarines); existe una narrativa interesante dada a través del movimiento y la acción.

Es una obra sin fecha de caducidad, completamente pertinente en cualquier tiempo; incluso tiene un tinte de contemporaneidad especial respecto a su época de creación.

Invaluable, única, así es Café Muller.