El Bicho – La Espada de Madera (2019)

Foto: Alejandra Londoño

El Bicho es una obra con dramaturgia y dirección de Patricio Estrella, se presentó en la sala de teatro Tespys del Instituto de Cultura del municipio de El Carmen de Viboral (Antioquia) en el marco del XXIV Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble en el año 2019.

El grupo de teatro La espada de madera tiene una trayectoria escénica de más de 25 años desarrollando propuestas artísticas desde el teatro y los títeres en Latinoamérica. Su puesta en escena integra múltiples elementos, desde lo artesanal hasta el uso de las nuevas tecnologías.

Esta pieza teatral propone un uso particular de la escenografía y de la utilería, está toda contenida en una estructural multifuncional, móvil, convertible y versátil; es una especie de dado ambulante que muestra varias caras, conforme transcurre la obra.

El Bicho es la historia de un personaje peculiar contada por sí mismo, una criatura hibridada entre un científico, un biólogo, un filólogo y un filósofo, con su respectivo asomo de locura. Tiene una especial manera de hablar y una necesidad recurrente de dar la definición de las palabras peculiares que usa. Sus interlocutores son la conciencia y la muerte, representadas en pequeñas marionetas, cada una con una serie de códigos y cargas simbólicas muy sugerentes.

La conciencia de este personaje es literalmente una pequeña criatura que habita enjaulada en su cabeza; este es el gran logro de El Bicho, acallar la voz de su conciencia, controlarla, someterla y desahuciarla. Dar muerte a la propia conciencia es una propuesta poética muy elevada, y materializar esa vocecita es una abstracción muy interesante.

Por otra parte, el personaje de la muerte en esta obra es un poco más empático con El Bicho, la muertecita está representada por una marioneta en forma de calavera, un ser femenino que seduce a través de su danza. Se entrevé cierta relación sensiblera entre El Bicho y la muertecita, cierta complicidad pícara, cierto romance.

Así pues, las relaciones transaccionales entre los personajes de esta obra son atípicas, proponen una visión alterada de la realidad, una cotidianidad particular. Me divertí con esta propuesta artística, integra a los espectadores, genera nuevas reflexiones y recrea imaginarios nuevos.

Un buen morir – Teatro de los Andes (2019)

Foto: Farley Giraldo

Con la dirección del chileno Elías Cohen y texto del poeta Alex Aillón Valverde, la agrupación Teatro de Los Andes presentó la obra Un buen morir en la sala de teatro Tespys del Instituto de Cultura del municipio de El Carmen de Viboral (Antioquia), en el marco del XXIV Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble en el año 2019.

Teatro de Los Andes es uno de los referentes más importantes en la escena artística latinoamericana, su acogida dentro de la programación fue masiva y esperada, esta agrupación tiene experiencia en la escena carmelitana.

Un buen morir es una historia dramática sobre el amor y la muerte, una experiencia estremecedora que atraviesa la vida de una pareja, cuyos personajes representan a un par de actores maduros. Encuentro especial encanto en la propuesta artística que inserta la obra dentro de la obra, es decir, aquella en la que cuesta distinguir entre realidad y ficción, donde hay oportunidad para la ambigüedad, las grietas y los excesos de realidad. Esto me atrapa.

Un logro dramatúrgico interesante es la forma en la que se abordan temas espinosos como el suicidio, con tal sensibilidad y elaboración que seduce al espectador. Su belleza es descarada, toca las fibras más profundas. Quiero citar textualmente una línea declamada por el actor: “la enfermedad es la muerte escupiendo en tu boca”, estas palabras te sacuden y te recuerdan la fragilidad de los cuerpos, es la obviedad transferida en poética.

Esta pieza está provista de aciertos estéticos importantes, la implementación técnica y la producción es interesante y eficiente, especialmente su escenografía. La optimización del recurso está dada de manera creativa y funcional, generando diferentes atmósferas e imágenes estéticas memorables; una de ellas es la lluvia dentro del escenario, momento sublime e inverosímil que me recordó a la emblemática Pina Bausch y su desafiante propuesta sobre la puesta en escena.

Un buen morir es una ensoñación del amor, aquella abstracción mental que, de una u otra manera, nos conduce a alguna muerte.

Tomasín Bigotes y la bruja Candela – Teatro Bitácoras (2019)

Esta obra es una experiencia escénica para niños de cero a cien años, así lo afirma su director en la interlocución inicial, ¡y cuánta razón tiene! Combina de manera exitosa la música en vivo y las artes escénicas; ambas expresiones de arte dialogan entre sí con tal elocuencia que logran seducir al espectador en cada acto.

Tomasín Bigotes y la Bruja Candela es una producción de la agrupación Teatro Bitácoras, originaria del municipio de La Ceja (Antioquia), bajo la dirección de Abel Anselmo Ríos, los cuales han sido ganadores de varias becas de creación y circulación.

En esta ocasión Teatro Bitácoras presenta una colaboración artística con Nybram Sonidos del Mundo, grupo de folk y world music del municipio del Carmen de Viboral, también acreedor de varios premios y becas de creación.

La agremiación de estos dos colectivos artísticos logró una puesta en escena muy nutrida; por un lado, la dramaturgia sobre mitos y espantos de la región andina de Colombia (obra basada en la novela Tomasín Bigotes de Hernando García Mejía) y, por otro lado, la música en vivo con la producción Mitos de Aquí y Allá, escrita por el compositor Julián David Trujillo Moreno, sobre distintos mitos de la tradición oral colombiana.

Ambas agrupaciones artísticas habitan una misma temática contada desde diferentes formas de arte que, al mixturarse, crean una sola obra de manera indiscriminada; es decir, construyen un solo producto artístico, bien estructurado y de excelente calidad.

La limpieza escénica es reconfortante (vestuario, maquillaje, luces y escenografía); pese a la cantidad y variedad de elementos escenográficos, existe una clara justificación dramatúrgica para cada uno.

Es una pieza multidisciplinar donde la música, el teatro, la danza e incluso las artes plásticas se configuran para contar un historia mítica, legendaria y mágica bien articulada al lenguaje actual, moderno y coloquial, lo que hace sentir al espectador un tanto identificado.

Su riqueza discursiva nutre el espectáculo, se habla de conciencia ambiental, historias fantásticas, temas de género y hasta de la muerte; tópicos espinosos abordados de manera lúdica, lo cual transmite el mensaje con diversión y buen humor.

La interacción con el público está dada en la medida justa, con intervenciones precisas y estratégicas. La obra se inserta de manera pertinente en el contexto local y es apta para todo tipo de público; integra y captura al espectador, razón por la cual fue una acertada elección para inaugurar la tercera versión del festival Las Artes en Escena de La Ceja, Antioquia 2019.

Café Muller – Pina Bausch (1978)

Imagen tomada de: https://cargocollective.com

Esta pieza es un clásico de la coreógrafa alemana Pina Bausch, quien revolucionó el contexto de la danza contemporánea en la época y en la actualidad sigue siendo un referente importante en las artes escénicas.

La obra es interpretada por tres hombres y tres mujeres (incluida Pina que permanece todo el tiempo en escena), los cuales intercalan su aparición. El ambiente es frío y austero; la escenografía se basta de una puerta giratoria, una pared y muchas sillas y mesas de café distribuidas de manera aleatoria por el escenario.

Todo el tiempo los intérpretes se relacionan con estos elementos; a veces, parece como si lo hicieran de manera improvisada debido a la naturaleza de la escenografía, lo cual es muy interesante porque genera un ambiente azaroso, dinámico, suspensivo y sorpresivo para el espectador. El vestuario es cotidiano e íntimo; la música, de Henrry Purcell, está presente durante casi toda la obra y combina con exquisitez con la atmósfera.

Café Muller es un eterno crepitar de emociones, es el individuo repitiéndose en su humanidad, es la constante elocución de las sensaciones, es el ser reflejado en su fragilidad y en la belleza que hay en esta.

Contiene códigos expresados de manera sublime, como el poder de un abrazo, la insistencia errática del ser, su existencia automatizada y el miedo a compadecer.

Puede decirse que esta pieza es danza-teatro por las operaciones escénicas y sus intérpretes (actores y bailarines); existe una narrativa interesante dada a través del movimiento y la acción.

Es una obra sin fecha de caducidad, completamente pertinente en cualquier tiempo; incluso tiene un tinte de contemporaneidad especial respecto a su época de creación.

Invaluable, única, así es Café Muller.