El Sueño de Lilith – Sarah Storer (2019)

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Esta obra fue presentada en el Teatro Metropolitano Jose Gutiérrez Gómez en Medellín en el marco de la gira nacional Alma en movimiento, programa de formación en danza del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá, bajo la dirección de la coreógrafa británica Sarah Storer.

Storer es egresada de la Northern School of Contemporary Dance de Leeds y la Central School of Ballet de Londres, se encuentra radicada en la capital colombiana desde hace 10 años aproximadamente, ha trabajado con numerosas compañías y coreógrafos de talla nacional e internacional. Sarah es una artista interesada en la diversidad cultural colombiana, su trabajo con los artistas residentes ha multiplicado las experiencias estéticas de la danza en este país.

El Sueño de Lilith: Símbolo de rebeldía e independencia, Lilith es un espíritu que busca la libertad, su propio camino. Quien fuera la primera esposa de Adán en el mito del Edén, antes de la creación de Eva, fue castigada y demonizada por rebelarse a su yugo cuando voluntariamente lo abandonó a él y al paraíso.

Esta obra es una apología al empoderamiento femenino y cuestiona los sistemas heteronormativos impuestos desde la mitología y desde la historia del cuerpo, aquella donde se referencia a la mujer como lugar de lo tentativo, pecaminoso y oscuro. Este es un tema que en lo personal me encanta y no porque yo promulgue algún tipo de feminismo, sino porque estas temáticas dan lugar a la pregunta acerca de la libertad del ser humano sin categorías, la idea de la hibridación o de una frontera invisible en lo que respecta al género.

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El sueño de Lilith amplía el espectro sobre la interpretación del mito y desarrolla dinámicas estéticas mucho más amplias; desde el recurso de los cuerpos inertes y los cuerpos orgánicos se establece cierto tipo de relación que, puestos en contraste, logran imágenes poéticas fuertes y bellas.

Adicional a la excelente concepción artística y a los cuadros coreográficos bien logrados, es reconfortante apreciar la exquisitez técnica de los bailarines y el refinamiento de la producción. Todo actúa en conjunto para transmitir una experiencia escénica muy agradable de ver.

Esta obra es concebida técnicamente desde la danza contemporánea, podría decir que es un referente de calidad para el arte nacional. La interpretación de los bailarines fue prolija, en la medida en que no se visualizaron desproporciones técnicas. Se propone un cambio de vestuario interesante en la escena, la luminotecnia y la música utilizada es coherente con la intención corporal.

En conclusión, fue grato soñar con Lilith.

Las Bestias – David Señoran (2012)

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Las Bestias es una producción dirigida por el coreógrafo David Señoran, artista argentino destacado en la escena de su país. En 2009 creó la compañía que lleva su nombre; su línea de trabajo está enfocada hacia la danza contemporánea y el teatro.

Es un referente latinoamericano importante en la actualidad debido a su estado activo en el arte y a la convocatoria y residencia de artistas de diferentes nacionalidades dentro de su compañía.

Esta obra de danza aborda al hombre desde una perspectiva animal y salvaje; sobresale un lenguaje sobre la emancipación, lo natural y lo instintivo, dando lugar a desconexiones entre lo racional y lo intuitivo.

Se aprecia la transformación y mutación del ser en estados divergentes; sus intérpretes son varones, lo cual no es casualidad. Señoran inserta el concepto de vulnerabilidad en lo masculino, ésta dicotomía invita a reflexionar sobre las rotulaciones comunes de género porque, como bien lo dice el director: “aún en nuestros pensamientos profundos lo vulnerable pertenece a lo femenino”. Entonces, de entrada, es atrayente esta intención de reconsiderar los conceptos preconcebidos.

Son aproximadamente quince intérpretes en escena todo el tiempo; el escenario está desprovisto de bambalinas, la desnudez es literal; el ambiente, vestuario e iluminación son austeros; la música es escasa y puntual: sonidos bestiales, ruidos ambientales.

Durante la obra existe un único elemento escenográfico, el cual cumple un rol importante como emancipador. El sentido estético de esta pieza es simple pero coherente con la intención.

La acción corporal está cargada de potencia y testosterona, el gesto es eficiente para saber que el referente es el caballo, no precisamente unos corceles de paso fino, sino unas bestias salvajes de movimientos genuinos. Las relaciones están dadas entre la manada y el alfa dominante, y entre la manada y el amansador; en algunos momentos el centauro también es una figura gestada.

Las Bestias es un discurso corpóreo sobre la represión, la resistencia, lo imperativo, la relación domado-indomable, la segregación y el retorno a los orígenes. Es interesante ver el triunfo transitorio del hombre sobre la bestia, aquel arquetipo de lo indomable, cuya necesidad es hacer dócil al instinto.

Finalmente, la bestia siempre será bestia; su destino tiene forma de elipse y su esencia es retornable. La consagración de esta realidad refleja las discusiones sobre el ser humano, las interpretaciones pueden ser múltiples; yo dilucido una realidad ineludible: somos bestias domadas, dominantes, castradas, sacrificadas, salvajes, domesticadas, reprimidas, liberadas, pero nunca inmunes.

Café Muller – Pina Bausch (1978)

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Esta pieza es un clásico de la coreógrafa alemana Pina Bausch, quien revolucionó el contexto de la danza contemporánea en la época y en la actualidad sigue siendo un referente importante en las artes escénicas.

La obra es interpretada por tres hombres y tres mujeres (incluida Pina que permanece todo el tiempo en escena), los cuales intercalan su aparición. El ambiente es frío y austero; la escenografía se basta de una puerta giratoria, una pared y muchas sillas y mesas de café distribuidas de manera aleatoria por el escenario.

Todo el tiempo los intérpretes se relacionan con estos elementos; a veces, parece como si lo hicieran de manera improvisada debido a la naturaleza de la escenografía, lo cual es muy interesante porque genera un ambiente azaroso, dinámico, suspensivo y sorpresivo para el espectador. El vestuario es cotidiano e íntimo; la música, de Henrry Purcell, está presente durante casi toda la obra y combina con exquisitez con la atmósfera.

Café Muller es un eterno crepitar de emociones, es el individuo repitiéndose en su humanidad, es la constante elocución de las sensaciones, es el ser reflejado en su fragilidad y en la belleza que hay en esta.

Contiene códigos expresados de manera sublime, como el poder de un abrazo, la insistencia errática del ser, su existencia automatizada y el miedo a compadecer.

Puede decirse que esta pieza es danza-teatro por las operaciones escénicas y sus intérpretes (actores y bailarines); existe una narrativa interesante dada a través del movimiento y la acción.

Es una obra sin fecha de caducidad, completamente pertinente en cualquier tiempo; incluso tiene un tinte de contemporaneidad especial respecto a su época de creación.

Invaluable, única, así es Café Muller.