
Las Bestias es una producción dirigida por el coreógrafo David Señoran, artista argentino destacado en la escena de su país. En 2009 creó la compañía que lleva su nombre; su línea de trabajo está enfocada hacia la danza contemporánea y el teatro.
Es un referente latinoamericano importante en la actualidad debido a su estado activo en el arte y a la convocatoria y residencia de artistas de diferentes nacionalidades dentro de su compañía.
Esta obra de danza aborda al hombre desde una perspectiva animal y salvaje; sobresale un lenguaje sobre la emancipación, lo natural y lo instintivo, dando lugar a desconexiones entre lo racional y lo intuitivo.
Se aprecia la transformación y mutación del ser en estados divergentes; sus intérpretes son varones, lo cual no es casualidad. Señoran inserta el concepto de vulnerabilidad en lo masculino, ésta dicotomía invita a reflexionar sobre las rotulaciones comunes de género porque, como bien lo dice el director: “aún en nuestros pensamientos profundos lo vulnerable pertenece a lo femenino”. Entonces, de entrada, es atrayente esta intención de reconsiderar los conceptos preconcebidos.
Son aproximadamente quince intérpretes en escena todo el tiempo; el escenario está desprovisto de bambalinas, la desnudez es literal; el ambiente, vestuario e iluminación son austeros; la música es escasa y puntual: sonidos bestiales, ruidos ambientales.
Durante la obra existe un único elemento escenográfico, el cual cumple un rol importante como emancipador. El sentido estético de esta pieza es simple pero coherente con la intención.
La acción corporal está cargada de potencia y testosterona, el gesto es eficiente para saber que el referente es el caballo, no precisamente unos corceles de paso fino, sino unas bestias salvajes de movimientos genuinos. Las relaciones están dadas entre la manada y el alfa dominante, y entre la manada y el amansador; en algunos momentos el centauro también es una figura gestada.
Las Bestias es un discurso corpóreo sobre la represión, la resistencia, lo imperativo, la relación domado-indomable, la segregación y el retorno a los orígenes. Es interesante ver el triunfo transitorio del hombre sobre la bestia, aquel arquetipo de lo indomable, cuya necesidad es hacer dócil al instinto.
Finalmente, la bestia siempre será bestia; su destino tiene forma de elipse y su esencia es retornable. La consagración de esta realidad refleja las discusiones sobre el ser humano, las interpretaciones pueden ser múltiples; yo dilucido una realidad ineludible: somos bestias domadas, dominantes, castradas, sacrificadas, salvajes, domesticadas, reprimidas, liberadas, pero nunca inmunes.