Pina – Documental de Wim Wenders (2011)

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“My mind is power. My body is strong” («Mi mente es poder. Mi cuerpo es fuerza») fueron algunas palabras recitadas en una de las obras de la maestra Pina y, evidentemente, en el interior de esta artista habitaba un poder inconmensurable, una intención expresiva de dimensiones incalculables.

Pina es un filme escrito, producido y dirigido por Wim Wenders; es un homenaje para la coreógrafa Pina Bausch, no es sobre ella sino para ella.

En esta producción audiovisual aparecen fragmentos de algunas de las obras más influyentes de la coreógrafa y composiciones dramatúrgicas en espacios no convencionales; sus intérpretes hablan sobre su apreciación y experiencia de vida atravesada por Pina y sus creaciones.

Es innegable la capacidad de Pina para sobrevalorar los límites escénicos, artísticos y corporales en su danza; su versatilidad hace que, tal vez, lo único predecible en su obra sean los riesgos vertiginosos e insospechados que tomará.

La esencia Bausch es tan variable y sorpresiva como la existencia misma, desde sus bailarines, escenografía y recursos dramatúrgicos. Es por esto que su obra es tan influyente en el arte contemporáneo; genera un discurso poético especial, desarrollando de manera única los recursos escénicos de la danza y el teatro, puestos al servicio de su intención artística.

Replantea la validez del cuerpo y su potencia expresiva en cualquier contexto, espacio y tiempo; la imposibilidad no existe, la oportunidad siempre emerge.

Las acciones poéticas desde el gesto, la danza y el teatro componen imágenes visuales cuya plasticidad devela una integralidad del arte en plena armonía; lo que aquí describo puede ser inefable y, tal vez, solo sea comprensible cuando se presencia una de sus obras con toda su grandilocuencia.

Aparte de la riqueza técnica, su interés por abordar temas sensibles y discursar sobre las relaciones humanas, es un valor agregado que hace de la obra de Pina una experiencia emocionante, verosímil y rebosante para el espectador.


Café Muller – Pina Bausch (1978)

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Esta pieza es un clásico de la coreógrafa alemana Pina Bausch, quien revolucionó el contexto de la danza contemporánea en la época y en la actualidad sigue siendo un referente importante en las artes escénicas.

La obra es interpretada por tres hombres y tres mujeres (incluida Pina que permanece todo el tiempo en escena), los cuales intercalan su aparición. El ambiente es frío y austero; la escenografía se basta de una puerta giratoria, una pared y muchas sillas y mesas de café distribuidas de manera aleatoria por el escenario.

Todo el tiempo los intérpretes se relacionan con estos elementos; a veces, parece como si lo hicieran de manera improvisada debido a la naturaleza de la escenografía, lo cual es muy interesante porque genera un ambiente azaroso, dinámico, suspensivo y sorpresivo para el espectador. El vestuario es cotidiano e íntimo; la música, de Henrry Purcell, está presente durante casi toda la obra y combina con exquisitez con la atmósfera.

Café Muller es un eterno crepitar de emociones, es el individuo repitiéndose en su humanidad, es la constante elocución de las sensaciones, es el ser reflejado en su fragilidad y en la belleza que hay en esta.

Contiene códigos expresados de manera sublime, como el poder de un abrazo, la insistencia errática del ser, su existencia automatizada y el miedo a compadecer.

Puede decirse que esta pieza es danza-teatro por las operaciones escénicas y sus intérpretes (actores y bailarines); existe una narrativa interesante dada a través del movimiento y la acción.

Es una obra sin fecha de caducidad, completamente pertinente en cualquier tiempo; incluso tiene un tinte de contemporaneidad especial respecto a su época de creación.

Invaluable, única, así es Café Muller.