
“My mind is power. My body is strong” («Mi mente es poder. Mi cuerpo es fuerza») fueron algunas palabras recitadas en una de las obras de la maestra Pina y, evidentemente, en el interior de esta artista habitaba un poder inconmensurable, una intención expresiva de dimensiones incalculables.
Pina es un filme escrito, producido y dirigido por Wim Wenders; es un homenaje para la coreógrafa Pina Bausch, no es sobre ella sino para ella.
En esta producción audiovisual aparecen fragmentos de algunas de las obras más influyentes de la coreógrafa y composiciones dramatúrgicas en espacios no convencionales; sus intérpretes hablan sobre su apreciación y experiencia de vida atravesada por Pina y sus creaciones.
Es innegable la capacidad de Pina para sobrevalorar los límites escénicos, artísticos y corporales en su danza; su versatilidad hace que, tal vez, lo único predecible en su obra sean los riesgos vertiginosos e insospechados que tomará.
La esencia Bausch es tan variable y sorpresiva como la existencia misma, desde sus bailarines, escenografía y recursos dramatúrgicos. Es por esto que su obra es tan influyente en el arte contemporáneo; genera un discurso poético especial, desarrollando de manera única los recursos escénicos de la danza y el teatro, puestos al servicio de su intención artística.
Replantea la validez del cuerpo y su potencia expresiva en cualquier contexto, espacio y tiempo; la imposibilidad no existe, la oportunidad siempre emerge.
Las acciones poéticas desde el gesto, la danza y el teatro componen imágenes visuales cuya plasticidad devela una integralidad del arte en plena armonía; lo que aquí describo puede ser inefable y, tal vez, solo sea comprensible cuando se presencia una de sus obras con toda su grandilocuencia.
Aparte de la riqueza técnica, su interés por abordar temas sensibles y discursar sobre las relaciones humanas, es un valor agregado que hace de la obra de Pina una experiencia emocionante, verosímil y rebosante para el espectador.
