Antígona – Compañía Ballet House (2025)

Foto: Corporación Escuela Ballet House

‌No estás preparada para el riesgo de mirar un cuerpo

Se vuelve en bucle sobre el efecto voyerista, sobre no estar preparada para la contemplación, sin embargo, asistir al rito, al acto escénico que no se sabe cuándo inició porque la primera imagen es un cuerpo en gerundio: estando, respirando, repitiendo. Es el ojo el que empieza a cazar información, como sentido hegemónico, atraviesa el espacio y devela la imagen, crea nociones de realidad a partir de una ficción, la de Antígona. A través de ella vi portales en un desierto, huecos espiralados sobre la arena. Fue el paisaje distópico y espectral (con aires a Juan Rulfo) lo que me hizo ver a los cuerpos como apariciones que deambulan, dentro de un cuadro de alucinación en medio de una atmósfera árida y confusa donde hay una barbie con un traje inventado, unas botas rojas, una planta, una pantalla, libros y otros objetos ocultos, quizá enterrados, que irían surgiendo.

Vestirse y desvestirse, brotaron los vestidos de colores y con ello el recuerdo de la primavera de Pina. El vestido, es como una creencia, por más falso o traslúcido que sea, si está, cubre y arropa y enviste, entonces tranquiliza. Capa sobre capa, tela sobre piel, una piel preciosa, una piel con palabra. Un cuerpo hablando de cuerpo: el ciclo, la circularidad, la espiral de arena otra vez. Con el movimiento el aire se vuelve visible, las partículas de algo (tal vez polvo) evidencian eso que se olvida porque no se ve, el aire que se respira, entonces existió porque fue mirado.

Foto: Corporación Escuela Ballet House

‌Yo Antígona creo hacer lo que deseo

Creer es una elección, y elijo pensar que no fue azaroso el mensaje de una hoja arrugada que llegó esa noche a mis manos: (…) Permaneció un largo rato en el mismo lugar, satisfecha de absorber la escena y apresada gradualmente por su estremecedor hechizo. Antígona hizo que la olvidara como mito y se me presentó como otras. Su magia juega con soberanía a lanzar palabras puntiagudas, juega con lo que está escrito en los libros autorizados y también con la posibilidad de deshacer lo dicho.

Foto: Corporación Escuela Ballet House

‌La mirada es el inicio del terror

‌Tal vez me aterra porque me reconozco en el otro, ¿se ha normalizado acaso el enceguecimiento? Hoy la mirada es un acto de rebeldía, connatural al pensamiento artístico y filosófico, lugar desde el cual esta Antígona hala sus hilos para poner en cuestión algunos códigos estéticos que posibilitan con frescura otros puntos de vista.

El movimiento y su cualidad de cercanía me habló sobre los afectos, habilitó memorias conmovedoras; conmoverse es saberse vulnerable. Me pregunté por la condición humana de habitar el mundo con un cuerpo femenino, admiré las características literarias puestas en danza de Antígona, quien no se lamentó ni buscó compasión, enfrentó al poder sin temor, actuó con autonomía y defendió sus convicciones. La utopía del poderío de género es la ocasión ideal para preguntarse sobre qué lugar le hemos dado a nuestra palabra y porque es imperante eso de la autorización personal.

Entonces la valentía. Mirar es valiente. La danza se hace para ser mirada. Antígona, como obra de danza contemporánea, controvierte las narrativas de la institución del relato, hace maraña con él y, al envolverse y hacer nudos con sus vísceras, declara la libertad de gobernar sobre su propia entraña.