








Para el bailarín el arte es la vida, el movimiento en él no se corresponde con un asunto meramente formal, expositivo o reglado para la retribución económica. El bailarín, a la manera de un monje, ritualiza el día a día en el oficio. Este se debe a un entorno en principio sectario e inexplicable desde la razón y los pragmatismos cotidianos.
La obra del bailarín es su propio cuerpo, y el lenguaje en el que se comunica con los demás es el movimiento que, a partir del entrenamiento, las técnicas y la improvisación halla un sentido en el mundo. La danza es un diálogo de sordos y quien la ve, el espectador, asiste a un acto íntimo en el que la piel es protagonista. Es pues la coreografía un festival de los sentidos; los códigos, los signos y los silencios son los insumos con lo que se fragua una propuesta estética en un tiempo determinado. Una acción dancística o una puesta en escena es irrepetible, efímera e inaprensible.

Es por ello que el bailarín es un artista que expresa su historia a donde va, consciente e inconscientemente se mueve de un modo autentico. El bailarín en su cotidianeidad no pasa desapercibido en los lugares donde se presenta; la forma de sentarse, comer, interactuar y de llevar la mano al rostro son fieles a su entrenamiento, que es su verdad. El bailarín, tanto en el escenario como en su estar cotidiano, escapa a las imposturas y asume el rigor de la tradición que le antecede, el bailarín es también albacea de conocimiento centenario.
Este Primer Encuentro del Cuerpo Poético es ante todo un grito en el vacío, esperamos que el eco viaje a través del tiempo y halle cuerpos dispuestos a hacer y a pensar. En este ejercicio se busca deshacer la palabra como representación de realidad y única expresión intelectiva del cuerpo, si el verbalizar atomiza a las sociedades entonces que sea el movimiento lo que nos una.

El Primer Encuentro del Cuerpo Poético es un evento que organiza la Red Carmelitana de Danza en el que se hermanan agrupaciones de la localidad como: Arcilla Danza, Ballet House, Incantrix Exilium y Teatro Intergaláctico, junto con la escena dancística de Medellín con invitados como: Juliana Congote, Jose Florez, Lurllorlady Giraldo, Teatro El Nombre y la Compañía H3.
Agradecemos, además, el apoyo del Instituto de Cultura El Carmen de Viboral, la Corporación Escuela Ballet House, la Corporación Teatro Tespys, la Corporación Teatro Estudio, la Escuela de la vereda La Florida, la Fundación Artefacto, y a la investigadora Jackeline Guerra y al cuerpo de maestros que la acompañan.
También gracias a los patrocinadores que se unieron: C.A Mejía y Compañía, Cornare, AgroBolivar, Casa Rosé Hotel, Tejemaneje, Pizza Place y Obrador Cocina Folk.
Bienvenidos, y que el cuerpo se haga presente.

Instrucciones para abrazar el aire, bajo la dirección y dramaturgia de Aristides Vargas, fue la obra con la que clausuré mi experiencia como espectadora en la temporada del XXIV Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble 2019 en El Carmen de Viboral (Antioquia).
Malayerba es una agrupación de teatro originaria de Quito (Ecuador) con 39 años de trayectoria, cuenta con más de 20 montajes y han desarrollado laboratorios de formación teatral para jóvenes. Además, por 7 años Malayerba produjo la revista Hoja de Teatro, una propuesta para hacer crítica y teorización sobre el teatro ecuatoriano.
Sobre su obra Instrucciones para abrazar el aire me quedaron varias sensaciones al respecto, empezando por su nombre, es evocador, poético y genera curiosidad, seduce, o por lo menos eso me sucedió a mí.
Por otra parte, me impresionó la carga dramática de la obra, es tremendamente trágica y más aún tratándose de un relato basado en un acontecimiento real sobre violencia, desapariciones y dolientes.
Esta pieza teatral está dedicada a una abuela que sufrió el dolor de la guerra, tras la desaparición de su nieta, una pequeña niña, a la cual recuerda día con día y la abraza; la abuela declama: abrazar el tiempo es abrazar la ausencia (…) cuando la abrazo, siento que es más real que yo.

Instrucciones para abrazar el aire es interpretada por dos actores adultos mayores, lo cual la hace exquisita; estos personajes hablan sobre la cotidianidad, la vejez, la vida, la repetición y el olvido. Establecen diálogos desde dos cuadros escénicos principales, aparentemente opuestos que oscilan entre la realidad y la ficción, entre lo cómico y lo trágico.
La dramaturgia de la obra es muy elaborada, hay mucho texto, lo cual en lo personal me agota un poco debido a la extensión de la obra, sin embargo, esto lo sopesa el excelente uso del recurso escenográfico, donde no sobra ni falta nada.
Es hermosa la instrucción sobre como abrazar el aire y la ausencia, es la instrumentalización de la emoción, es la forma tácita del dolor.

Oficio de difuntos es una obra de teatro de títeres de la agrupación Jabrú, bajo la dirección y dramaturgia de Natalia y Jorge Libreros. Se presentó en el marco del XXIV Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble 2019 en la Casa Teatro Tespys en el municipio de El Carmen de Viboral (Antioquia) a las 11:00 p.m. Era la primera vez que asistía a una función en este horario, en esta sala y que veía este tipo de propuesta teatral así que, debo anticipar, fue una vivencia memorable.
La Casa Tespys es la nueva sede de Teatro Tespys Corporación Cultural, la Casa celebró su apertura el 14 de julio de 2019 junto con el lanzamiento del Gesto Noble de este año. Es un nuevo espacio para la cultura carmelitana, es un lugar con mística, abierto para todos donde suceden diversas expresiones de arte.
Jabrú llevó su magia a esta Casa y me regaló una aventura inolvidable. Jabrú es una agrupación constituida desde el año 2003 de la ciudad de Medellín, interesada en la elaboración de una estética particular de los muñecos, la búsqueda de sus diferentes técnicas y la exploración de la animación del títere. Su propuesta es innovadora, genuina y sublime; sin lugar a dudas, Jabrú es experto en el arte de encantar.
Su obra Oficio de difuntos superó todas mis expectativas, de hecho, me sorprendí al descubrir que me gustan los títeres, me sedujeron completamente desde su estética y poética en el relato, compuesto por micro-relatos, historias sobre la muerte y sus maneras, porque morir no es solo el acto, morir también es desaparecer, ser abandonado, ser rechazado o ser olvidado.
Esta propuesta es divertida, asume temas espinosos con sutileza y una belleza irreal. Una característica muy potente en términos creativos, es el lenguaje usado entre las marionetas, una especie de idioma encriptado… parecido a Pingu, la serie animada de los 90’s con la que crecimos algunos milenials.

Las marionetas están producidas de manera prolija, son hermosas y están cargadas de signos; encarnan personajes tan reales como cotidianos. Sobre los titiriteros-actores siento profunda admiración, su concentración, talento, ingenio y pasión quedan reflejados en su movimiento, actitud y puesta en escena.
Para terminar, quiero compartir un comentario que escuché entre los espectadores al finalizar la obra, a manera de elogio, describieron a estos artistas como “los nerds del teatro”. A mi parecer, esta definición si hace justicia a Jabrú, por su nivel de detalle y precisión en la implementación escénica de su propuesta.
Oficio de difuntos es un oficio de genios.

El Bicho es una obra con dramaturgia y dirección de Patricio Estrella, se presentó en la sala de teatro Tespys del Instituto de Cultura del municipio de El Carmen de Viboral (Antioquia) en el marco del XXIV Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble en el año 2019.
El grupo de teatro La espada de madera tiene una trayectoria escénica de más de 25 años desarrollando propuestas artísticas desde el teatro y los títeres en Latinoamérica. Su puesta en escena integra múltiples elementos, desde lo artesanal hasta el uso de las nuevas tecnologías.
Esta pieza teatral propone un uso particular de la escenografía y de la utilería, está toda contenida en una estructural multifuncional, móvil, convertible y versátil; es una especie de dado ambulante que muestra varias caras, conforme transcurre la obra.
El Bicho es la historia de un personaje peculiar contada por sí mismo, una criatura hibridada entre un científico, un biólogo, un filólogo y un filósofo, con su respectivo asomo de locura. Tiene una especial manera de hablar y una necesidad recurrente de dar la definición de las palabras peculiares que usa. Sus interlocutores son la conciencia y la muerte, representadas en pequeñas marionetas, cada una con una serie de códigos y cargas simbólicas muy sugerentes.
La conciencia de este personaje es literalmente una pequeña criatura que habita enjaulada en su cabeza; este es el gran logro de El Bicho, acallar la voz de su conciencia, controlarla, someterla y desahuciarla. Dar muerte a la propia conciencia es una propuesta poética muy elevada, y materializar esa vocecita es una abstracción muy interesante.
Por otra parte, el personaje de la muerte en esta obra es un poco más empático con El Bicho, la muertecita está representada por una marioneta en forma de calavera, un ser femenino que seduce a través de su danza. Se entrevé cierta relación sensiblera entre El Bicho y la muertecita, cierta complicidad pícara, cierto romance.
Así pues, las relaciones transaccionales entre los personajes de esta obra son atípicas, proponen una visión alterada de la realidad, una cotidianidad particular. Me divertí con esta propuesta artística, integra a los espectadores, genera nuevas reflexiones y recrea imaginarios nuevos.

Con la dirección del chileno Elías Cohen y texto del poeta Alex Aillón Valverde, la agrupación Teatro de Los Andes presentó la obra Un buen morir en la sala de teatro Tespys del Instituto de Cultura del municipio de El Carmen de Viboral (Antioquia), en el marco del XXIV Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble en el año 2019.
Teatro de Los Andes es uno de los referentes más importantes en la escena artística latinoamericana, su acogida dentro de la programación fue masiva y esperada, esta agrupación tiene experiencia en la escena carmelitana.
Un buen morir es una historia dramática sobre el amor y la muerte, una experiencia estremecedora que atraviesa la vida de una pareja, cuyos personajes representan a un par de actores maduros. Encuentro especial encanto en la propuesta artística que inserta la obra dentro de la obra, es decir, aquella en la que cuesta distinguir entre realidad y ficción, donde hay oportunidad para la ambigüedad, las grietas y los excesos de realidad. Esto me atrapa.
Un logro dramatúrgico interesante es la forma en la que se abordan temas espinosos como el suicidio, con tal sensibilidad y elaboración que seduce al espectador. Su belleza es descarada, toca las fibras más profundas. Quiero citar textualmente una línea declamada por el actor: “la enfermedad es la muerte escupiendo en tu boca”, estas palabras te sacuden y te recuerdan la fragilidad de los cuerpos, es la obviedad transferida en poética.
Esta pieza está provista de aciertos estéticos importantes, la implementación técnica y la producción es interesante y eficiente, especialmente su escenografía. La optimización del recurso está dada de manera creativa y funcional, generando diferentes atmósferas e imágenes estéticas memorables; una de ellas es la lluvia dentro del escenario, momento sublime e inverosímil que me recordó a la emblemática Pina Bausch y su desafiante propuesta sobre la puesta en escena.
Un buen morir es una ensoñación del amor, aquella abstracción mental que, de una u otra manera, nos conduce a alguna muerte.

Esta obra fue presentada en el Teatro Metropolitano Jose Gutiérrez Gómez en Medellín en el marco de la gira nacional Alma en movimiento, programa de formación en danza del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá, bajo la dirección de la coreógrafa británica Sarah Storer.
Storer es egresada de la Northern School of Contemporary Dance de Leeds y la Central School of Ballet de Londres, se encuentra radicada en la capital colombiana desde hace 10 años aproximadamente, ha trabajado con numerosas compañías y coreógrafos de talla nacional e internacional. Sarah es una artista interesada en la diversidad cultural colombiana, su trabajo con los artistas residentes ha multiplicado las experiencias estéticas de la danza en este país.
El Sueño de Lilith: Símbolo de rebeldía e independencia, Lilith es un espíritu que busca la libertad, su propio camino. Quien fuera la primera esposa de Adán en el mito del Edén, antes de la creación de Eva, fue castigada y demonizada por rebelarse a su yugo cuando voluntariamente lo abandonó a él y al paraíso.
Esta obra es una apología al empoderamiento femenino y cuestiona los sistemas heteronormativos impuestos desde la mitología y desde la historia del cuerpo, aquella donde se referencia a la mujer como lugar de lo tentativo, pecaminoso y oscuro. Este es un tema que en lo personal me encanta y no porque yo promulgue algún tipo de feminismo, sino porque estas temáticas dan lugar a la pregunta acerca de la libertad del ser humano sin categorías, la idea de la hibridación o de una frontera invisible en lo que respecta al género.

El sueño de Lilith amplía el espectro sobre la interpretación del mito y desarrolla dinámicas estéticas mucho más amplias; desde el recurso de los cuerpos inertes y los cuerpos orgánicos se establece cierto tipo de relación que, puestos en contraste, logran imágenes poéticas fuertes y bellas.
Adicional a la excelente concepción artística y a los cuadros coreográficos bien logrados, es reconfortante apreciar la exquisitez técnica de los bailarines y el refinamiento de la producción. Todo actúa en conjunto para transmitir una experiencia escénica muy agradable de ver.
Esta obra es concebida técnicamente desde la danza contemporánea, podría decir que es un referente de calidad para el arte nacional. La interpretación de los bailarines fue prolija, en la medida en que no se visualizaron desproporciones técnicas. Se propone un cambio de vestuario interesante en la escena, la luminotecnia y la música utilizada es coherente con la intención corporal.
En conclusión, fue grato soñar con Lilith.

El VII Festival de Teatro Carmentea: Red Carmelitana de Teatro, celebrado del 24 al 30 de marzo de 2019, es un evento que reúne el arte escénico del municipio del Carmen de Viboral. Este espacio de conflagración artística alimenta la programación cultural local y precede el XXIV Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble, referente importante cultural de la región, celebrado anualmente en este municipio.
Es interesante que Carmentea como festival local funcione de antesala al festival internacional, esta coincidencia le da coherencia y cuerpo a la proposición cultural y artística de la región.
Tuve oportunidad de asistir a cuatro obras de teatro, las cuales, en términos generales, se vieron bien planificadas en términos logísticos. Carmentea es un festival oportuno, como plataforma de exposición local que integra las artes escénicas del municipio y fortalece los vínculos gremiales.
Sabemos bien que El Carmen de Viboral es un exponente importante de la región en cuanto cultura y desarrollo teatral; por tanto, este tipo de eventos confirman su vigencia y futura permanencia como referente altamente influyente.
Es innegable la pertinencia de debatir temas políticos a través del arte, y esto es comprensible como característica que pondera en la actualidad, porque es el relato de una realidad punzante. Sin embargo, siento que se vuelve repetitivo este estilo de teatro, lo que puede producir hastío y prejuicio en el espectador (colombiano promedio saturado de temas políticos a través de todos los medios).
Es adecuado integrar en la programación eventos con temáticas variadas, abstractas, y tal vez más poéticas, que refresquen y amplíen la oferta y demanda de las artes escénicas en esta localidad.
Fue acertado que la clausura del festival se hiciera con una obra de danza, también polémica en su temática, donde se planteó un tema de género y erotismo desde el lugar de lo indefinido. Dicha obra alivianó el resaltado tinte político del que venía el espectador; refrescó el festival y se impuso como un lenguaje diferente para hablar también de temas controversiales y actuales.

Acrecentar este tipo de propuestas es una manera de integrar el arte escénico de la localidad y representa una oportunidad para que los colegas de este oficio, se relacionen como pares. Su combinación, evidentemente, potencia todo proceso artístico concebido.
En este orden de ideas, Carmentea propone una nueva dinámica: intensa, atractiva y seductora. Los artífices del festival apuestan por la hibridación: teatro y danza, como expresiones hermanas, como cómplices de una nueva aventura.
La invitación a los carmelitanos es a ambicionar desde la calidad y el fortalecimiento de los procesos formativos; esta armonía augura una transformación sustancial, necesaria y trascendental para todos como comunidad.
El artista que trabaja con el cuerpo tiene un reto personal imperecedero, es un atleta de tiempo completo, debe potenciarse constantemente con tal terquedad e intensidad que sobrepase sus propios límites.
Cuando aparece la comodidad en nuestro oficio, debemos cuestionarnos y darnos a la tarea rigurosa de indagar, movilizarnos, investigar y, finalmente, incomodarnos y, a partir de la incomodidad, rastrear el poder inagotable que nos potencie como hacedores de lo expresivo: privilegiar la continua búsqueda.
Espero entusiasta los festivales próximos para continuar saboreando este arte corporal que me aviva. Es emocionante alimentarse de propuestas creativas que están vivas, ansío relatar sobre ellas; atravesar con la palabra las sensaciones que me provoca ver teatro y danza, expresiones que respiran.
Las obras reseñadas, vistas en el marco del festival, fueron: Trenzas encadenadas, El monte calvo, Contra el amor, contra el progreso, contra la democracia y Zapatos. A continuación, encontrarás la reseña de cada una de ellas.

Ingresar a la sala y ver instrumentos musicales, para mí, es reconfortante; algunos coincidirán conmigo en agradecer la posibilidad de este recurso en la escena porque, por lo general, la interpretación de música en vivo robustece la performatividad de las propuestas. Trenzas encadenadas es una obra con este componente, la sonoridad está a cargo de una batería y un bajo eléctrico.
Esta pieza contiene cinco escenas; a través de ellas se tocan tres situaciones polémicas sociales de Colombia, presentadas desde la crítica hacia lo político. La primera es la tauromaquia como contrariedad debatida a nivel nacional; la segunda es el riego de mercurio como afectación ambiental en la región antioqueña; y, la tercera, es sobre una problemática local referente al manejo del recurso hídrico en El Carmen de Viboral. Las tres propuestas son los temas transversales de la pieza, vistas como algunas de las afectaciones globales de la actualidad.
La dinámica de la obra es fácil de interpretar para el espectador, tanto así que se vuelve un poco predecible y llega a parecerse a una ponencia con temas y subtemas. Entrando en contexto, y teniendo en cuenta que el elenco de este grupo lo componen jóvenes de la Institución Educativa El Progreso, se entiende la naturaleza de la propuesta y es comprensible su desarrollo en la escena.
Dicho esto, expongo algunas apreciaciones sobre la obra: el manejo del tono de la voz, en ocasiones fue excedido y se confundió proyectar con gritar; la predisposición de los cuadros escénicos era muy similar entre sí, esto es previsible para el espectador; la literalidad en esta obra estuvo bien justificada, pero podría menguar un poco; el vestuario, iluminación y espacio sonoro convergieron de manera coherente; y, la interpretación de los actores, me sorprendió gratamente, ¡hay talento joven emergiendo!
Es crucial potencializar los procesos formativos como este, capturar a la juventud y ofrecerles, desde el arte, otro tipo de reclutamiento; uno muy diferente al que tanto repudiamos en nuestro país. ¿Qué acto más resistente que este? ¿Qué defensa más genuina que esta? Nuestra apuesta como gremio artístico debe fundamentarse en la germinación de estas semillas; a través de la formación construyamos escuela.

La violencia en el combate provee diferentes tipos de víctimas. El monte calvo nos cuenta sobre aquellas resultantes de nuestro sistema estatal enceguecido que prioriza la guerra. Esta obra relata la historia de tres hombres adultos, víctimas de una suerte miserable al final de sus vidas; es el drama de dos exmilitares cercenados por el filo de la guerra y el de un artista jubilado por la pobreza.
Esta pieza teatral es de carácter político; la crítica se hace desde la tragedia y la ironía. La dinámica de la obra es plana, tanto que al inicio esto se prevé y no genera tanta expectativa; sin embargo, conforme avanza la trama, se genera una buena afición con ella.
Es de pocos recursos escenográficos, y los cambios entre cada acto son lentos, lo cual no la convierte en una obra aburrida, aunque hilaron muy delgado y se arriesgaron a hacer de lo menos un poco más; así que la intención dramatúrgica se sostiene sobre dicha planicie.

El monte calvo es una obra equilibrada en cuanto a la proposición de los elementos en la escena. La adultez de los actores refleja cierta tranquilidad en el desarrollo de sus personajes; el manejo del gesto fue acertado, todo esto armonizó en la puesta en escena y la hizo asimilable.
En ocasiones, me molestó un poco el tono de voz utilizado por los actores; tenía cierto timbre que lo hacía muy monótono. Este aspecto podría tomarse en cuenta ya que toda la obra se desarrolla a través de la palabra, historias contadas articuladas por el diálogo.
Este colectivo artístico podría aventurarse a desacomodarse un poco más en lo que respecta a las ambiciones como profesionales; desconozco su formación en el oficio, pero sentí cierta comodidad al respecto.