Llueve sobre la piel – Compañía Ballet House (2022)

Foto: Ballet House

Llueve sobre la piel es una obra de danza contemporánea que se estrenó en el marco del X Festival de Teatro Carmentea de El Carmen de Viboral, realizado en marzo de 2022. Desde hace 4 versiones Ballet House ha participado en este encuentro de artes escénicas, siendo la cuota de danza contemporánea dentro del festival.

Esta obra se ha presentado varias veces en la sala Ballet House, un espacio excepcional y privilegiado para la danza en el oriente antioqueño; sus condiciones y recursos auspician una experiencia escénica amplia y acogedora para el espectador.

Llueve sobre la piel es una propuesta creativa donde se asumen riesgos interesantes, el despliegue de las bailarinas a lo largo y ancho del escenario es una invitación a amplificar la mirada e incluso a incomodar, es un desajuste al ojo domesticado. Trastoca ver unos cuerpos húmedos y agitados que gritan violencia y perversión de una manera tan sutil, que es erótico.

Foto: Valentín Betancur

Inquietar, provocar, escudriñar, develar, intimidar son los verbos que me evoca esta pieza coreográfica. Los objetos en la escena no son gratuitos (en lo absoluto), cada uno potencia una calidad de movimiento específica y se articulan con los cuerpos presentes, activos todo el tiempo, vivos y en riesgo apremiante.

Agradezco que el arte contemporáneo no procure mantener un hilo narrativo en sus propuestas, aquellas con ánimo de desmoldarse de los preconceptos bien consabidos del arte, llaman en particular mi atención. Por ejemplo, la dinámica a la que nos vemos convocados en esta obra es poderosa, siendo ésta una acción artística que podría suceder en cualquier lugar por su versatilidad y estilo performático.

La piel, órgano delator. Cuando llueve sobre la piel se desatan las tormentas interiores. Tal vez lo que deseamos y buscamos como espectadores es justamente eso: ser provocados.

Manifiesto por el cuerpo (2021)

Foto: Corporación Escuela Ballet House

Para el bailarín el arte es la vida, el movimiento en él no se corresponde con un asunto meramente formal, expositivo o reglado para la retribución económica. El bailarín, a la manera de un monje, ritualiza el día a día en el oficio. Este se debe a un entorno en principio sectario e inexplicable desde la razón y los pragmatismos cotidianos.

La obra del bailarín es su propio cuerpo, y el lenguaje en el que se comunica con los demás es el movimiento que, a partir del entrenamiento, las técnicas y la improvisación halla un sentido en el mundo. La danza es un diálogo de sordos y quien la ve, el espectador, asiste a un acto íntimo en el que la piel es protagonista. Es pues la coreografía un festival de los sentidos; los códigos, los signos y los silencios son los insumos con lo que se fragua una propuesta estética en un tiempo determinado. Una acción dancística o una puesta en escena es irrepetible, efímera e inaprensible.

Foto: Corporación Escuela Ballet House

Es por ello que el bailarín es un artista que expresa su historia a donde va, consciente e inconscientemente se mueve de un modo autentico. El bailarín en su cotidianeidad no pasa desapercibido en los lugares donde se presenta; la forma de sentarse, comer, interactuar y de llevar la mano al rostro son fieles a su entrenamiento, que es su verdad. El bailarín, tanto en el escenario como en su estar cotidiano, escapa a las imposturas y asume el rigor de la tradición que le antecede, el bailarín es también albacea de conocimiento centenario.

Este Primer Encuentro del Cuerpo Poético es ante todo un grito en el vacío, esperamos que el eco viaje a través del tiempo y halle cuerpos dispuestos a hacer y a pensar. En este ejercicio se busca deshacer la palabra como representación de realidad y única expresión intelectiva del cuerpo, si el verbalizar atomiza a las sociedades entonces que sea el movimiento lo que nos una.

El Primer Encuentro del Cuerpo Poético es un evento que organiza la Red Carmelitana de Danza en el que se hermanan agrupaciones de la localidad como: Arcilla Danza, Ballet House, Incantrix Exilium y Teatro Intergaláctico, junto con la escena dancística de Medellín con invitados como: Juliana Congote, Jose Florez, Lurllorlady Giraldo, Teatro El Nombre y la Compañía H3.

Agradecemos, además, el apoyo del Instituto de Cultura El Carmen de Viboral, la Corporación Escuela Ballet House, la Corporación Teatro Tespys, la Corporación Teatro Estudio, la Escuela de la vereda La Florida, la Fundación Artefacto, y a la investigadora Jackeline Guerra y al cuerpo de maestros que la acompañan.

También gracias a los patrocinadores que se unieron: C.A Mejía y Compañía, Cornare, AgroBolivar, Casa Rosé Hotel, Tejemaneje, Pizza Place y Obrador Cocina Folk.

Bienvenidos, y que el cuerpo se haga presente.

Instrucciones para abrazar el aire – Malayerba (2019)

Foto: Alejandra Londoño

Instrucciones para abrazar el aire, bajo la dirección y dramaturgia de Aristides Vargas, fue la obra con la que clausuré mi experiencia como espectadora en la temporada del XXIV Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble 2019 en El Carmen de Viboral (Antioquia).

Malayerba es una agrupación de teatro originaria de Quito (Ecuador) con 39 años de trayectoria, cuenta con más de 20 montajes y han desarrollado laboratorios de formación teatral para jóvenes. Además, por 7 años Malayerba produjo la revista Hoja de Teatro, una propuesta para hacer crítica y teorización sobre el teatro ecuatoriano.

Sobre su obra Instrucciones para abrazar el aire me quedaron varias sensaciones al respecto, empezando por su nombre, es evocador, poético y genera curiosidad, seduce, o por lo menos eso me sucedió a mí.

Por otra parte, me impresionó la carga dramática de la obra, es tremendamente trágica y más aún tratándose de un relato basado en un acontecimiento real sobre violencia, desapariciones y dolientes.

Esta pieza teatral está dedicada a una abuela que sufrió el dolor de la guerra, tras la desaparición de su nieta, una pequeña niña, a la cual recuerda día con día y la abraza; la abuela declama: abrazar el tiempo es abrazar la ausencia (…) cuando la abrazo, siento que es más real que yo.

Foto: Valentín Betancur

Instrucciones para abrazar el aire es interpretada por dos actores adultos mayores, lo cual la hace exquisita; estos personajes hablan sobre la cotidianidad, la vejez, la vida, la repetición y el olvido. Establecen diálogos desde dos cuadros escénicos principales, aparentemente opuestos que oscilan entre la realidad y la ficción, entre lo cómico y lo trágico.

La dramaturgia de la obra es muy elaborada, hay mucho texto, lo cual en lo personal me agota un poco debido a la extensión de la obra, sin embargo, esto lo sopesa el excelente uso del recurso escenográfico, donde no sobra ni falta nada.

Es hermosa la instrucción sobre como abrazar el aire y la ausencia, es la instrumentalización de la emoción, es la forma tácita del dolor.

Oficio de difuntos – Jabrú Títeres (2019)

Foto: Daniel Arcila

Oficio de difuntos es una obra de teatro de títeres de la agrupación Jabrú, bajo la dirección y dramaturgia de Natalia y Jorge Libreros. Se presentó en el marco del XXIV Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble 2019 en la Casa Teatro Tespys en el municipio de El Carmen de Viboral (Antioquia) a las 11:00 p.m. Era la primera vez que asistía a una función en este horario, en esta sala y que veía este tipo de propuesta teatral así que, debo anticipar, fue una vivencia memorable.

La Casa Tespys es la nueva sede de Teatro Tespys Corporación Cultural, la Casa celebró su apertura el 14 de julio de 2019 junto con el lanzamiento del Gesto Noble de este año. Es un nuevo espacio para la cultura carmelitana, es un lugar con mística, abierto para todos donde suceden diversas expresiones de arte.

Jabrú llevó su magia a esta Casa y me regaló una aventura inolvidable. Jabrú es una agrupación constituida desde el año 2003 de la ciudad de Medellín, interesada en la elaboración de una estética particular de los muñecos, la búsqueda de sus diferentes técnicas y la exploración de la animación del títere. Su propuesta es innovadora, genuina y sublime; sin lugar a dudas, Jabrú es experto en el arte de encantar.

Su obra Oficio de difuntos superó todas mis expectativas, de hecho, me sorprendí al descubrir que me gustan los títeres, me sedujeron completamente desde su estética y poética en el relato, compuesto por micro-relatos, historias sobre la muerte y sus maneras, porque morir no es solo el acto, morir también es desaparecer, ser abandonado, ser rechazado o ser olvidado.

Esta propuesta es divertida, asume temas espinosos con sutileza y una belleza irreal. Una característica muy potente en términos creativos, es el lenguaje usado entre las marionetas, una especie de idioma encriptado… parecido a Pingu, la serie animada de los 90’s con la que crecimos algunos milenials.

Foto: Daniel Arcila

Las marionetas están producidas de manera prolija, son hermosas y están cargadas de signos; encarnan personajes tan reales como cotidianos. Sobre los titiriteros-actores siento profunda admiración, su concentración, talento, ingenio y pasión quedan reflejados en su movimiento, actitud y puesta en escena.

Para terminar, quiero compartir un comentario que escuché entre los espectadores al finalizar la obra, a manera de elogio, describieron a estos artistas como “los nerds del teatro”. A mi parecer, esta definición si hace justicia a Jabrú, por su nivel de detalle y precisión en la implementación escénica de su propuesta.

Oficio de difuntos es un oficio de genios.

El Bicho – La Espada de Madera (2019)

Foto: Alejandra Londoño

El Bicho es una obra con dramaturgia y dirección de Patricio Estrella, se presentó en la sala de teatro Tespys del Instituto de Cultura del municipio de El Carmen de Viboral (Antioquia) en el marco del XXIV Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble en el año 2019.

El grupo de teatro La espada de madera tiene una trayectoria escénica de más de 25 años desarrollando propuestas artísticas desde el teatro y los títeres en Latinoamérica. Su puesta en escena integra múltiples elementos, desde lo artesanal hasta el uso de las nuevas tecnologías.

Esta pieza teatral propone un uso particular de la escenografía y de la utilería, está toda contenida en una estructural multifuncional, móvil, convertible y versátil; es una especie de dado ambulante que muestra varias caras, conforme transcurre la obra.

El Bicho es la historia de un personaje peculiar contada por sí mismo, una criatura hibridada entre un científico, un biólogo, un filólogo y un filósofo, con su respectivo asomo de locura. Tiene una especial manera de hablar y una necesidad recurrente de dar la definición de las palabras peculiares que usa. Sus interlocutores son la conciencia y la muerte, representadas en pequeñas marionetas, cada una con una serie de códigos y cargas simbólicas muy sugerentes.

La conciencia de este personaje es literalmente una pequeña criatura que habita enjaulada en su cabeza; este es el gran logro de El Bicho, acallar la voz de su conciencia, controlarla, someterla y desahuciarla. Dar muerte a la propia conciencia es una propuesta poética muy elevada, y materializar esa vocecita es una abstracción muy interesante.

Por otra parte, el personaje de la muerte en esta obra es un poco más empático con El Bicho, la muertecita está representada por una marioneta en forma de calavera, un ser femenino que seduce a través de su danza. Se entrevé cierta relación sensiblera entre El Bicho y la muertecita, cierta complicidad pícara, cierto romance.

Así pues, las relaciones transaccionales entre los personajes de esta obra son atípicas, proponen una visión alterada de la realidad, una cotidianidad particular. Me divertí con esta propuesta artística, integra a los espectadores, genera nuevas reflexiones y recrea imaginarios nuevos.

Un buen morir – Teatro de los Andes (2019)

Foto: Farley Giraldo

Con la dirección del chileno Elías Cohen y texto del poeta Alex Aillón Valverde, la agrupación Teatro de Los Andes presentó la obra Un buen morir en la sala de teatro Tespys del Instituto de Cultura del municipio de El Carmen de Viboral (Antioquia), en el marco del XXIV Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble en el año 2019.

Teatro de Los Andes es uno de los referentes más importantes en la escena artística latinoamericana, su acogida dentro de la programación fue masiva y esperada, esta agrupación tiene experiencia en la escena carmelitana.

Un buen morir es una historia dramática sobre el amor y la muerte, una experiencia estremecedora que atraviesa la vida de una pareja, cuyos personajes representan a un par de actores maduros. Encuentro especial encanto en la propuesta artística que inserta la obra dentro de la obra, es decir, aquella en la que cuesta distinguir entre realidad y ficción, donde hay oportunidad para la ambigüedad, las grietas y los excesos de realidad. Esto me atrapa.

Un logro dramatúrgico interesante es la forma en la que se abordan temas espinosos como el suicidio, con tal sensibilidad y elaboración que seduce al espectador. Su belleza es descarada, toca las fibras más profundas. Quiero citar textualmente una línea declamada por el actor: “la enfermedad es la muerte escupiendo en tu boca”, estas palabras te sacuden y te recuerdan la fragilidad de los cuerpos, es la obviedad transferida en poética.

Esta pieza está provista de aciertos estéticos importantes, la implementación técnica y la producción es interesante y eficiente, especialmente su escenografía. La optimización del recurso está dada de manera creativa y funcional, generando diferentes atmósferas e imágenes estéticas memorables; una de ellas es la lluvia dentro del escenario, momento sublime e inverosímil que me recordó a la emblemática Pina Bausch y su desafiante propuesta sobre la puesta en escena.

Un buen morir es una ensoñación del amor, aquella abstracción mental que, de una u otra manera, nos conduce a alguna muerte.

El Sueño de Lilith – Sarah Storer (2019)

Foto tomada de: https://www.teatromayor.org

Esta obra fue presentada en el Teatro Metropolitano Jose Gutiérrez Gómez en Medellín en el marco de la gira nacional Alma en movimiento, programa de formación en danza del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá, bajo la dirección de la coreógrafa británica Sarah Storer.

Storer es egresada de la Northern School of Contemporary Dance de Leeds y la Central School of Ballet de Londres, se encuentra radicada en la capital colombiana desde hace 10 años aproximadamente, ha trabajado con numerosas compañías y coreógrafos de talla nacional e internacional. Sarah es una artista interesada en la diversidad cultural colombiana, su trabajo con los artistas residentes ha multiplicado las experiencias estéticas de la danza en este país.

El Sueño de Lilith: Símbolo de rebeldía e independencia, Lilith es un espíritu que busca la libertad, su propio camino. Quien fuera la primera esposa de Adán en el mito del Edén, antes de la creación de Eva, fue castigada y demonizada por rebelarse a su yugo cuando voluntariamente lo abandonó a él y al paraíso.

Esta obra es una apología al empoderamiento femenino y cuestiona los sistemas heteronormativos impuestos desde la mitología y desde la historia del cuerpo, aquella donde se referencia a la mujer como lugar de lo tentativo, pecaminoso y oscuro. Este es un tema que en lo personal me encanta y no porque yo promulgue algún tipo de feminismo, sino porque estas temáticas dan lugar a la pregunta acerca de la libertad del ser humano sin categorías, la idea de la hibridación o de una frontera invisible en lo que respecta al género.

Imagen tomada de: https://www.teatromayor.org

El sueño de Lilith amplía el espectro sobre la interpretación del mito y desarrolla dinámicas estéticas mucho más amplias; desde el recurso de los cuerpos inertes y los cuerpos orgánicos se establece cierto tipo de relación que, puestos en contraste, logran imágenes poéticas fuertes y bellas.

Adicional a la excelente concepción artística y a los cuadros coreográficos bien logrados, es reconfortante apreciar la exquisitez técnica de los bailarines y el refinamiento de la producción. Todo actúa en conjunto para transmitir una experiencia escénica muy agradable de ver.

Esta obra es concebida técnicamente desde la danza contemporánea, podría decir que es un referente de calidad para el arte nacional. La interpretación de los bailarines fue prolija, en la medida en que no se visualizaron desproporciones técnicas. Se propone un cambio de vestuario interesante en la escena, la luminotecnia y la música utilizada es coherente con la intención corporal.

En conclusión, fue grato soñar con Lilith.

Contra el amor, Contra el progreso, Contra la democracia – Esteban Soler – Dirección: Fernando Arcángel Aristizábal (2019)

Foto: Valentín Betancur

Esta obra convocó un número considerable de espectadores, estuvo el aforo lleno e incluso hubo sobreocupación de la sala, así que antes del ingreso se podía visualizar la expectativa de los asistentes.

Al iniciar la obra se presentaron fallas técnicas en luces y sonido; sin embargo, el equipo encargado dio solución al impase y se reinició la obra.

Contra el amor, contra el progreso, contra la democracia es una pieza que, desde su nombre, plantea temáticas evidentemente de carácter político; su título también suscita cierta densidad, la cual se comprueba cuando se presencia la puesta en escena.

Me aventuro a inferir que esto puede deberse, de cierto modo, al contexto del elenco: los intérpretes son estudiantes de la primera cohorte de arte dramático de la Universidad de Antioquia (seccional Oriente); y digo esto porque, desde mi experiencia, considero que las primeras creaciones artísticas de un colectivo pueden verse saturadas de intenciones dramáticas, en respuesta a una ambición desde el oficio, sujeta, además, a la presión que supone ser pioneros en procesos culturales y académicos de la región.

Esta dramaturgia tiene básicamente siete actos o escenas claramente conceptualizadas. La primera es una pasarela de algunos personajes, presentados desde la excentricidad y lo grotesco; la segunda plantea la televisión literalmente como la “caja mágica”: la ficción como realidad; la tercera es una apología al movimiento nazi, desde el desprecio por la humanidad; la cuarta representa la escuela y el abuso, narrada desde la analogía; la quinta es una representación de la típica relación de pareja y sus vicisitudes; la sexta habla sobre el exterminio de la humanidad como plaga corrosiva; la séptima y última escena, expresa lo político, las democracias, la corrupción y la represión.

Claramente, se propone la composición de la escena desde múltiples panorámicas, lo cual hace más compleja la digestión de esta pieza. Igualmente sucede con la escenografía; es abundante y generalmente se aborda desde la exageración. Se comprende que, desde la intención dramática, se desea incomodar, conmover y agredir al espectador.

Estas afirmaciones corresponden a una apreciación personal, que preferencia el minimalismo, lo abstracto y las lecturas poéticas alejadas de la literalidad. Estoy plenamente consciente de que este estilo de propuestas ha existido y perdurarán en el campo teatral; así que, sin ánimo de desmeritar la complejidad de la propuesta, es de resaltar: algunas construcciones desde el movimiento corporal, los textos, la recursividad escenográfica, las dinámicas dramatúrgicas y la interpretación de los actores.

Es notable la formación académica de los artistas, se evidencia en el cuerpo, su entrenamiento, el manejo de la voz y el nivel de detalle que logran dilucidar. Abordar tanta densidad conlleva un trabajo dispendioso, al igual que la coexistencia de la cantidad de artistas, ideas, elementos, etc.

Foto: Valentín Betancur

Debo confesar que hubo un momento escénico que me generó angustia como espectador, el cual hizo salirme de la ficción y preocuparme por la realidad; situación desfavorable que deberíamos evitar como hacedores de las artes escénicas, donde ofrecemos una experiencia en vivo y en directo.

El momento angustioso del que hablo ocurrió en el segundo acto, la actriz (encarnando a su personaje) encendió, fumó y desecho encendidos tres cigarrillos sobre el proscenio.

Dicho detalle me generó incomodidad por tres razones: 1. Exceso: se agota la acción como recurso expresivo; 2. Riesgo: había una atmósfera altamente inflamable: el plástico de la escenografía, la madera, la tela, la electricidad; 3. Espacio cerrado: el hacinamiento de personas en este tipo de áreas hizo que el humo del cigarrillo, sumado al calor corporal, generara un ambiente asfixiante, del cual instantáneamente quise retirarme, aunque no lo hice.

Comparto que, en ciertas ocasiones, hay una clara intención de transgredir los espacios y/o trastocar a la audiencia, aunque considero que hay formas menos directas e invasivas de hacerlo; además que debemos cuidarnos de priorizar la cantidad en lugar de la calidad.

Reitero lo personal de mi apreciación; sin desconocer las libertades escénicas que pueden darse en este tipo de arte, cuestiono este aspecto desde la rigurosidad del oficio más allá de la temática que se elija desarrollar en la escena.

Tomasín Bigotes y la bruja Candela – Teatro Bitácoras (2019)

Esta obra es una experiencia escénica para niños de cero a cien años, así lo afirma su director en la interlocución inicial, ¡y cuánta razón tiene! Combina de manera exitosa la música en vivo y las artes escénicas; ambas expresiones de arte dialogan entre sí con tal elocuencia que logran seducir al espectador en cada acto.

Tomasín Bigotes y la Bruja Candela es una producción de la agrupación Teatro Bitácoras, originaria del municipio de La Ceja (Antioquia), bajo la dirección de Abel Anselmo Ríos, los cuales han sido ganadores de varias becas de creación y circulación.

En esta ocasión Teatro Bitácoras presenta una colaboración artística con Nybram Sonidos del Mundo, grupo de folk y world music del municipio del Carmen de Viboral, también acreedor de varios premios y becas de creación.

La agremiación de estos dos colectivos artísticos logró una puesta en escena muy nutrida; por un lado, la dramaturgia sobre mitos y espantos de la región andina de Colombia (obra basada en la novela Tomasín Bigotes de Hernando García Mejía) y, por otro lado, la música en vivo con la producción Mitos de Aquí y Allá, escrita por el compositor Julián David Trujillo Moreno, sobre distintos mitos de la tradición oral colombiana.

Ambas agrupaciones artísticas habitan una misma temática contada desde diferentes formas de arte que, al mixturarse, crean una sola obra de manera indiscriminada; es decir, construyen un solo producto artístico, bien estructurado y de excelente calidad.

La limpieza escénica es reconfortante (vestuario, maquillaje, luces y escenografía); pese a la cantidad y variedad de elementos escenográficos, existe una clara justificación dramatúrgica para cada uno.

Es una pieza multidisciplinar donde la música, el teatro, la danza e incluso las artes plásticas se configuran para contar un historia mítica, legendaria y mágica bien articulada al lenguaje actual, moderno y coloquial, lo que hace sentir al espectador un tanto identificado.

Su riqueza discursiva nutre el espectáculo, se habla de conciencia ambiental, historias fantásticas, temas de género y hasta de la muerte; tópicos espinosos abordados de manera lúdica, lo cual transmite el mensaje con diversión y buen humor.

La interacción con el público está dada en la medida justa, con intervenciones precisas y estratégicas. La obra se inserta de manera pertinente en el contexto local y es apta para todo tipo de público; integra y captura al espectador, razón por la cual fue una acertada elección para inaugurar la tercera versión del festival Las Artes en Escena de La Ceja, Antioquia 2019.