Cosmética para voyeristas – Compañía Ballet House (2023)

Foto: Stiven Ospina

1. Encuadre

Ver danza contemporánea, presenciar una obra que se ordena no necesariamente en términos narrativos sino en función de simetrías y asimetrías, a través de patrones que se repiten y se desordenan, diástoles y sístoles que divergen y convergen, conecta al espectador con cierta parte de sí que lo obliga a no entender como tradicionalmente entiende, es decir con lógicas y estructuras derivadas del relato y del concepto. Se trata más bien de una comprensión (o incluso incomprensión) propioceptiva, de un experimentar sensaciones que hacen sentido incluso antes del significado: en el sentir. Entonces, cuando decimos ver, decimos también palpar, oír, incomodarse en el asiento.

      2. Bailar

      La obra empieza con la respiración anhelante y agitada del cuerpo de baile, reunido bajo la débil luz de una lámpara circular que cuelga del techo. Esta respiración al unísono marca el tempo y el compás, un ritmo pedal que, con algunas variaciones dispuestas para dar tensión, profundidad y equilibrio, hará avanzar la obra hasta el final.

        Los primeros movimientos se concentran en este reducido halo de luz, lo que da la sensación de aire contenido, de cuerpo cerrado, de organismo que se agita y se estira porque quiere salir. Luego la acción se abre a todo el espacio y los bailarines se ubican cada uno bajo una de estas lámparas que recuerdan la forma de los ovnis y que se pueden prender y a apagar a voluntad con un interruptor de cadena. Este diseño escenográfico es a la vez central y afortunado, ya que la coreografía de los cuerpos y de la luz será la columna sobre la cual los bailarines desarrollen sus rutinas, pero, además, el elemento a partir del cual será posible, posteriormente, pensar la obra en términos de coherencia y significado.

        Así, las luces se irán encendiendo y apagando sobre cada bailarín: a veces, solo uno de ellos queda iluminado mientras los demás permanecen en lo oscuro. Después, este apaga su lámpara y da paso a otro, o a un par de ellos, que la encienden. Esta alternancia de luz y sombra estructura la exploración que hace la obra acerca de temas como la mirada, el control y la vulnerabilidad a la que queda expuesto aquel que sale de su intimidad para exhibirse ante el otro. Tal creación coreográfica genera la idea de una voluntad coordinada, es decir, de que cada bailarín puede hacerse visible controlando su propia luz, o apagándola, si es que ya ha pasado su tiempo. No es el luminotécnico, por esta vez, el encargado de exponer a la compañía.

        Se alternan algunos solos con intervenciones de parejas que componen escenas cuyas sugerencias van desde lo erótico a lo tierno, hasta que cada bailarín trae algunos objetos personales y los dispone al interior de su halo de luz, o, también podríamos decir, de su propia habitación. Tal vez en este pasaje se haga visible el método general de trabajo. Cada bailarín tiene objetos distintos, objetos que no son de utilería, objetos personales, los cuales ordena de manera particular. Los movimientos del cuerpo de baile son en este momento simultáneos, mas no al unísono. La coreografía se encuentra en el tema, en el motivo, no en la coordinación de movimientos. Esto hace pensar que, en la construcción de todo el esquema, no solo en la interpretación escénica del montaje, fue fundamental el aporte de cada bailarín desde su mundo interior, lo que cada bailarín trajera de su casa.

        Foto: Stiven Ospina

        El término «voyerista» sugiere la idea de observar a escondidas, de ser testigo de algo íntimo o privado. Por su parte, la palabra «cosmética» indica una conexión con los rituales de cuidado personal, pero a la vez con la idea de ordenar y controlar la aparición en público, influyendo en la forma como los otros nos ven. La obra aborda de esta manera la relación entre el observador y el observado, analizando cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo nos perciben los demás. Reflexiona sobre la naturaleza de la mirada y sobre cómo esta influye en nuestras experiencias y relaciones.

        Al combinar los términos «cosmética» y «voyerista», el título de la obra señala un camino que, si bien no describe literalmente lo que ocurre en el escenario, sí ronda la idea de explorar las conexiones entre intimidad y exposición, o, para decirlo de otra forma, de las tensiones cada vez más complejas entre lo privado y lo público. En este sentido y un poco en contrapunto con lo que hemos descrito hasta el momento, al final la obra rompe la cuarta pared y los bailarines retan al espectador que lo desee (y tenga el valor) a que pase al escenario. El que quiera ver que también sea visto, el que mire que sea también mirado. Se ordena así, se prepara, se diseña la escena para que el voyerista haga su aparición. De este modo ¿cuál es el adentro y cuál el afuera?

        Escribe: Juan Felipe Ospina

        El Sueño de Lilith – Sarah Storer (2019)

        Foto tomada de: https://www.teatromayor.org

        Esta obra fue presentada en el Teatro Metropolitano Jose Gutiérrez Gómez en Medellín en el marco de la gira nacional Alma en movimiento, programa de formación en danza del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá, bajo la dirección de la coreógrafa británica Sarah Storer.

        Storer es egresada de la Northern School of Contemporary Dance de Leeds y la Central School of Ballet de Londres, se encuentra radicada en la capital colombiana desde hace 10 años aproximadamente, ha trabajado con numerosas compañías y coreógrafos de talla nacional e internacional. Sarah es una artista interesada en la diversidad cultural colombiana, su trabajo con los artistas residentes ha multiplicado las experiencias estéticas de la danza en este país.

        El Sueño de Lilith: Símbolo de rebeldía e independencia, Lilith es un espíritu que busca la libertad, su propio camino. Quien fuera la primera esposa de Adán en el mito del Edén, antes de la creación de Eva, fue castigada y demonizada por rebelarse a su yugo cuando voluntariamente lo abandonó a él y al paraíso.

        Esta obra es una apología al empoderamiento femenino y cuestiona los sistemas heteronormativos impuestos desde la mitología y desde la historia del cuerpo, aquella donde se referencia a la mujer como lugar de lo tentativo, pecaminoso y oscuro. Este es un tema que en lo personal me encanta y no porque yo promulgue algún tipo de feminismo, sino porque estas temáticas dan lugar a la pregunta acerca de la libertad del ser humano sin categorías, la idea de la hibridación o de una frontera invisible en lo que respecta al género.

        Imagen tomada de: https://www.teatromayor.org

        El sueño de Lilith amplía el espectro sobre la interpretación del mito y desarrolla dinámicas estéticas mucho más amplias; desde el recurso de los cuerpos inertes y los cuerpos orgánicos se establece cierto tipo de relación que, puestos en contraste, logran imágenes poéticas fuertes y bellas.

        Adicional a la excelente concepción artística y a los cuadros coreográficos bien logrados, es reconfortante apreciar la exquisitez técnica de los bailarines y el refinamiento de la producción. Todo actúa en conjunto para transmitir una experiencia escénica muy agradable de ver.

        Esta obra es concebida técnicamente desde la danza contemporánea, podría decir que es un referente de calidad para el arte nacional. La interpretación de los bailarines fue prolija, en la medida en que no se visualizaron desproporciones técnicas. Se propone un cambio de vestuario interesante en la escena, la luminotecnia y la música utilizada es coherente con la intención corporal.

        En conclusión, fue grato soñar con Lilith.

        Café Muller – Pina Bausch (1978)

        Imagen tomada de: https://cargocollective.com

        Esta pieza es un clásico de la coreógrafa alemana Pina Bausch, quien revolucionó el contexto de la danza contemporánea en la época y en la actualidad sigue siendo un referente importante en las artes escénicas.

        La obra es interpretada por tres hombres y tres mujeres (incluida Pina que permanece todo el tiempo en escena), los cuales intercalan su aparición. El ambiente es frío y austero; la escenografía se basta de una puerta giratoria, una pared y muchas sillas y mesas de café distribuidas de manera aleatoria por el escenario.

        Todo el tiempo los intérpretes se relacionan con estos elementos; a veces, parece como si lo hicieran de manera improvisada debido a la naturaleza de la escenografía, lo cual es muy interesante porque genera un ambiente azaroso, dinámico, suspensivo y sorpresivo para el espectador. El vestuario es cotidiano e íntimo; la música, de Henrry Purcell, está presente durante casi toda la obra y combina con exquisitez con la atmósfera.

        Café Muller es un eterno crepitar de emociones, es el individuo repitiéndose en su humanidad, es la constante elocución de las sensaciones, es el ser reflejado en su fragilidad y en la belleza que hay en esta.

        Contiene códigos expresados de manera sublime, como el poder de un abrazo, la insistencia errática del ser, su existencia automatizada y el miedo a compadecer.

        Puede decirse que esta pieza es danza-teatro por las operaciones escénicas y sus intérpretes (actores y bailarines); existe una narrativa interesante dada a través del movimiento y la acción.

        Es una obra sin fecha de caducidad, completamente pertinente en cualquier tiempo; incluso tiene un tinte de contemporaneidad especial respecto a su época de creación.

        Invaluable, única, así es Café Muller.

        ¿Qué son Las Páginas?

        Arte que respira

        La página es un escenario, un cuadrilátero para vaciar palabras, un espejo que produce revelaciones entre líneas. Escribir es el acto de disponerse, es entregarse a la cruenta y feroz necesidad de salivar pensamiento sobre la página.

        Poner cuerpo en el signo es algo así como hablar sobre un movimiento que no se olvida, aprovecharse del lenguaje para crear memorias selectivamente, elegir la anatomía de un texto, masticar la imagen y coleccionar momentos en los cuales la piel obligó a decir.

        Las Páginas es una colección de relatos caprichosos, de ideas y pensamientos sueltos mediados por lo escénico, espacio físico donde el cuerpo goza y padece la mutabilidad. Quien escribe sospecha que olvida, entonces ordena símbolos.

        El cuerpo aún habla en lo que calla la página.