Contra el amor, Contra el progreso, Contra la democracia – Esteban Soler – Dirección: Fernando Arcángel Aristizábal (2019)

Foto: Valentín Betancur

Esta obra convocó un número considerable de espectadores, estuvo el aforo lleno e incluso hubo sobreocupación de la sala, así que antes del ingreso se podía visualizar la expectativa de los asistentes.

Al iniciar la obra se presentaron fallas técnicas en luces y sonido; sin embargo, el equipo encargado dio solución al impase y se reinició la obra.

Contra el amor, contra el progreso, contra la democracia es una pieza que, desde su nombre, plantea temáticas evidentemente de carácter político; su título también suscita cierta densidad, la cual se comprueba cuando se presencia la puesta en escena.

Me aventuro a inferir que esto puede deberse, de cierto modo, al contexto del elenco: los intérpretes son estudiantes de la primera cohorte de arte dramático de la Universidad de Antioquia (seccional Oriente); y digo esto porque, desde mi experiencia, considero que las primeras creaciones artísticas de un colectivo pueden verse saturadas de intenciones dramáticas, en respuesta a una ambición desde el oficio, sujeta, además, a la presión que supone ser pioneros en procesos culturales y académicos de la región.

Esta dramaturgia tiene básicamente siete actos o escenas claramente conceptualizadas. La primera es una pasarela de algunos personajes, presentados desde la excentricidad y lo grotesco; la segunda plantea la televisión literalmente como la “caja mágica”: la ficción como realidad; la tercera es una apología al movimiento nazi, desde el desprecio por la humanidad; la cuarta representa la escuela y el abuso, narrada desde la analogía; la quinta es una representación de la típica relación de pareja y sus vicisitudes; la sexta habla sobre el exterminio de la humanidad como plaga corrosiva; la séptima y última escena, expresa lo político, las democracias, la corrupción y la represión.

Claramente, se propone la composición de la escena desde múltiples panorámicas, lo cual hace más compleja la digestión de esta pieza. Igualmente sucede con la escenografía; es abundante y generalmente se aborda desde la exageración. Se comprende que, desde la intención dramática, se desea incomodar, conmover y agredir al espectador.

Estas afirmaciones corresponden a una apreciación personal, que preferencia el minimalismo, lo abstracto y las lecturas poéticas alejadas de la literalidad. Estoy plenamente consciente de que este estilo de propuestas ha existido y perdurarán en el campo teatral; así que, sin ánimo de desmeritar la complejidad de la propuesta, es de resaltar: algunas construcciones desde el movimiento corporal, los textos, la recursividad escenográfica, las dinámicas dramatúrgicas y la interpretación de los actores.

Es notable la formación académica de los artistas, se evidencia en el cuerpo, su entrenamiento, el manejo de la voz y el nivel de detalle que logran dilucidar. Abordar tanta densidad conlleva un trabajo dispendioso, al igual que la coexistencia de la cantidad de artistas, ideas, elementos, etc.

Foto: Valentín Betancur

Debo confesar que hubo un momento escénico que me generó angustia como espectador, el cual hizo salirme de la ficción y preocuparme por la realidad; situación desfavorable que deberíamos evitar como hacedores de las artes escénicas, donde ofrecemos una experiencia en vivo y en directo.

El momento angustioso del que hablo ocurrió en el segundo acto, la actriz (encarnando a su personaje) encendió, fumó y desecho encendidos tres cigarrillos sobre el proscenio.

Dicho detalle me generó incomodidad por tres razones: 1. Exceso: se agota la acción como recurso expresivo; 2. Riesgo: había una atmósfera altamente inflamable: el plástico de la escenografía, la madera, la tela, la electricidad; 3. Espacio cerrado: el hacinamiento de personas en este tipo de áreas hizo que el humo del cigarrillo, sumado al calor corporal, generara un ambiente asfixiante, del cual instantáneamente quise retirarme, aunque no lo hice.

Comparto que, en ciertas ocasiones, hay una clara intención de transgredir los espacios y/o trastocar a la audiencia, aunque considero que hay formas menos directas e invasivas de hacerlo; además que debemos cuidarnos de priorizar la cantidad en lugar de la calidad.

Reitero lo personal de mi apreciación; sin desconocer las libertades escénicas que pueden darse en este tipo de arte, cuestiono este aspecto desde la rigurosidad del oficio más allá de la temática que se elija desarrollar en la escena.

Zapatos – Rubén Darío Bejarano – Dirección: Mauricio Ceballos (2019)

Foto: Fabián Rendón

Es una obra de alto tinte político, refleja la realidad del conflicto armado en Colombia y el escándalo de los falsos positivos: casos repudiables de asesinatos y desapariciones de civiles para ser pasados por paramilitares y, de esta forma, rendir cuentas gubernamentales; penosa situación donde se vio involucrado el Ejército Nacional de este país entre el año 2006 y 2009.

La dramaturgia es verosímil en cuanto a las víctimas, los dolientes y los victimarios de esta guerra. El calzado es una analogía a la muerte y es el símbolo tangible de las víctimas de dicho flagelo, caracterizadas por ser personas en estado de vulnerabilidad socioeconómica. La incertidumbre e impotencia de los dolientes es lamentable, ellos buscan respuestas: necesitan un cuerpo.

La representación de los victimarios es burlesca, son los payasos de un acto circense frío y escueto; son los jinetes del cinismo y el engaño. Las reglas del juego están calculadas, triunfo redundante que asquea (logro dramatúrgico).

Los recursos escenográficos son de uso y significado literal, puestos al servicio de la intención dramática; hacen de esta pieza una experiencia fácilmente digerible. No hay lugar para que el espectador abstraiga mensajes ocultos o haga interpretaciones poéticas, ya que el contenido de la obra es totalmente explícito.

Zapatos es una crítica directa a la atrocidad de la guerra y a la corrupción imparable en este país. Se plantea una situación donde la realidad supera a la ficción (alejándome del cliché); los crímenes inauditos ahogan este territorio e impera la necesidad de contar, gritar y escenificar este flagelo.

Tomasín Bigotes y la bruja Candela – Teatro Bitácoras (2019)

Esta obra es una experiencia escénica para niños de cero a cien años, así lo afirma su director en la interlocución inicial, ¡y cuánta razón tiene! Combina de manera exitosa la música en vivo y las artes escénicas; ambas expresiones de arte dialogan entre sí con tal elocuencia que logran seducir al espectador en cada acto.

Tomasín Bigotes y la Bruja Candela es una producción de la agrupación Teatro Bitácoras, originaria del municipio de La Ceja (Antioquia), bajo la dirección de Abel Anselmo Ríos, los cuales han sido ganadores de varias becas de creación y circulación.

En esta ocasión Teatro Bitácoras presenta una colaboración artística con Nybram Sonidos del Mundo, grupo de folk y world music del municipio del Carmen de Viboral, también acreedor de varios premios y becas de creación.

La agremiación de estos dos colectivos artísticos logró una puesta en escena muy nutrida; por un lado, la dramaturgia sobre mitos y espantos de la región andina de Colombia (obra basada en la novela Tomasín Bigotes de Hernando García Mejía) y, por otro lado, la música en vivo con la producción Mitos de Aquí y Allá, escrita por el compositor Julián David Trujillo Moreno, sobre distintos mitos de la tradición oral colombiana.

Ambas agrupaciones artísticas habitan una misma temática contada desde diferentes formas de arte que, al mixturarse, crean una sola obra de manera indiscriminada; es decir, construyen un solo producto artístico, bien estructurado y de excelente calidad.

La limpieza escénica es reconfortante (vestuario, maquillaje, luces y escenografía); pese a la cantidad y variedad de elementos escenográficos, existe una clara justificación dramatúrgica para cada uno.

Es una pieza multidisciplinar donde la música, el teatro, la danza e incluso las artes plásticas se configuran para contar un historia mítica, legendaria y mágica bien articulada al lenguaje actual, moderno y coloquial, lo que hace sentir al espectador un tanto identificado.

Su riqueza discursiva nutre el espectáculo, se habla de conciencia ambiental, historias fantásticas, temas de género y hasta de la muerte; tópicos espinosos abordados de manera lúdica, lo cual transmite el mensaje con diversión y buen humor.

La interacción con el público está dada en la medida justa, con intervenciones precisas y estratégicas. La obra se inserta de manera pertinente en el contexto local y es apta para todo tipo de público; integra y captura al espectador, razón por la cual fue una acertada elección para inaugurar la tercera versión del festival Las Artes en Escena de La Ceja, Antioquia 2019.

Breaking – Pipo Tafel (2012)

Imagen tomada de: https://cargocollective.com

Esta producción audiovisual es una creación fílmica del director alemán Pipo Tafel, pensador creativo que incorpora la música y la danza en su trabajo de multimedia.

La coreografía es del artista argentino Leandro Kees y la interpretación está a cargo de él junto a la maestra colombiana Marcela Ruíz Quintero. Este video participó en Intermediaciones: muestra de videoarte y video experimental.

Es un videoarte considerado en el sentido amplio de la palabra; es decir, se hace una apropiación de la herramienta audiovisual en respuesta a la necesidad de usarla como recurso expresivo que demanda el deseo artístico; allí no solo hay danza, hay una cantidad de arte considerable y variable.

Breaking es un filme rodado en una playa, allí aparece una pareja cuyo diálogo corporal está intermediado por el contacto; la sensación recrea un movimiento circular, ondulatorio, energético, consecutivo y dinámico. 

La cámara juega con diferentes planos y elije las imágenes y los ángulos para la visión del espectador; esta característica en el videoarte tiene gran relevancia ya que es una decisión de intensiones premeditadas.

La danza en espacios no convencionales contiene unos presupuestos particulares en relación al entorno; en esta oportunidad existe una relación clara con la arena, el mar y la panorámica. La pareja habita el encuentro y el desencuentro a través del peso y el contrapeso.

Las sensaciones que me deja Breaking (Ruptura) son contrarias al significado literal de su nombre; me remite al movimiento en espiral de las relaciones humanas, a la amalgama, al vínculo, a lo inacabable, al contacto de los cuerpos y la necesidad de la dualidad; humanos como complementos pares y a veces dispares.

Las Bestias – David Señoran (2012)

Imagen tomada de: https://www.revistameta.com.ar

Las Bestias es una producción dirigida por el coreógrafo David Señoran, artista argentino destacado en la escena de su país. En 2009 creó la compañía que lleva su nombre; su línea de trabajo está enfocada hacia la danza contemporánea y el teatro.

Es un referente latinoamericano importante en la actualidad debido a su estado activo en el arte y a la convocatoria y residencia de artistas de diferentes nacionalidades dentro de su compañía.

Esta obra de danza aborda al hombre desde una perspectiva animal y salvaje; sobresale un lenguaje sobre la emancipación, lo natural y lo instintivo, dando lugar a desconexiones entre lo racional y lo intuitivo.

Se aprecia la transformación y mutación del ser en estados divergentes; sus intérpretes son varones, lo cual no es casualidad. Señoran inserta el concepto de vulnerabilidad en lo masculino, ésta dicotomía invita a reflexionar sobre las rotulaciones comunes de género porque, como bien lo dice el director: “aún en nuestros pensamientos profundos lo vulnerable pertenece a lo femenino”. Entonces, de entrada, es atrayente esta intención de reconsiderar los conceptos preconcebidos.

Son aproximadamente quince intérpretes en escena todo el tiempo; el escenario está desprovisto de bambalinas, la desnudez es literal; el ambiente, vestuario e iluminación son austeros; la música es escasa y puntual: sonidos bestiales, ruidos ambientales.

Durante la obra existe un único elemento escenográfico, el cual cumple un rol importante como emancipador. El sentido estético de esta pieza es simple pero coherente con la intención.

La acción corporal está cargada de potencia y testosterona, el gesto es eficiente para saber que el referente es el caballo, no precisamente unos corceles de paso fino, sino unas bestias salvajes de movimientos genuinos. Las relaciones están dadas entre la manada y el alfa dominante, y entre la manada y el amansador; en algunos momentos el centauro también es una figura gestada.

Las Bestias es un discurso corpóreo sobre la represión, la resistencia, lo imperativo, la relación domado-indomable, la segregación y el retorno a los orígenes. Es interesante ver el triunfo transitorio del hombre sobre la bestia, aquel arquetipo de lo indomable, cuya necesidad es hacer dócil al instinto.

Finalmente, la bestia siempre será bestia; su destino tiene forma de elipse y su esencia es retornable. La consagración de esta realidad refleja las discusiones sobre el ser humano, las interpretaciones pueden ser múltiples; yo dilucido una realidad ineludible: somos bestias domadas, dominantes, castradas, sacrificadas, salvajes, domesticadas, reprimidas, liberadas, pero nunca inmunes.

Pina – Documental de Wim Wenders (2011)

Imagen tomada de: http://www.ahmagazine.es

“My mind is power. My body is strong” («Mi mente es poder. Mi cuerpo es fuerza») fueron algunas palabras recitadas en una de las obras de la maestra Pina y, evidentemente, en el interior de esta artista habitaba un poder inconmensurable, una intención expresiva de dimensiones incalculables.

Pina es un filme escrito, producido y dirigido por Wim Wenders; es un homenaje para la coreógrafa Pina Bausch, no es sobre ella sino para ella.

En esta producción audiovisual aparecen fragmentos de algunas de las obras más influyentes de la coreógrafa y composiciones dramatúrgicas en espacios no convencionales; sus intérpretes hablan sobre su apreciación y experiencia de vida atravesada por Pina y sus creaciones.

Es innegable la capacidad de Pina para sobrevalorar los límites escénicos, artísticos y corporales en su danza; su versatilidad hace que, tal vez, lo único predecible en su obra sean los riesgos vertiginosos e insospechados que tomará.

La esencia Bausch es tan variable y sorpresiva como la existencia misma, desde sus bailarines, escenografía y recursos dramatúrgicos. Es por esto que su obra es tan influyente en el arte contemporáneo; genera un discurso poético especial, desarrollando de manera única los recursos escénicos de la danza y el teatro, puestos al servicio de su intención artística.

Replantea la validez del cuerpo y su potencia expresiva en cualquier contexto, espacio y tiempo; la imposibilidad no existe, la oportunidad siempre emerge.

Las acciones poéticas desde el gesto, la danza y el teatro componen imágenes visuales cuya plasticidad devela una integralidad del arte en plena armonía; lo que aquí describo puede ser inefable y, tal vez, solo sea comprensible cuando se presencia una de sus obras con toda su grandilocuencia.

Aparte de la riqueza técnica, su interés por abordar temas sensibles y discursar sobre las relaciones humanas, es un valor agregado que hace de la obra de Pina una experiencia emocionante, verosímil y rebosante para el espectador.


Café Muller – Pina Bausch (1978)

Imagen tomada de: https://cargocollective.com

Esta pieza es un clásico de la coreógrafa alemana Pina Bausch, quien revolucionó el contexto de la danza contemporánea en la época y en la actualidad sigue siendo un referente importante en las artes escénicas.

La obra es interpretada por tres hombres y tres mujeres (incluida Pina que permanece todo el tiempo en escena), los cuales intercalan su aparición. El ambiente es frío y austero; la escenografía se basta de una puerta giratoria, una pared y muchas sillas y mesas de café distribuidas de manera aleatoria por el escenario.

Todo el tiempo los intérpretes se relacionan con estos elementos; a veces, parece como si lo hicieran de manera improvisada debido a la naturaleza de la escenografía, lo cual es muy interesante porque genera un ambiente azaroso, dinámico, suspensivo y sorpresivo para el espectador. El vestuario es cotidiano e íntimo; la música, de Henrry Purcell, está presente durante casi toda la obra y combina con exquisitez con la atmósfera.

Café Muller es un eterno crepitar de emociones, es el individuo repitiéndose en su humanidad, es la constante elocución de las sensaciones, es el ser reflejado en su fragilidad y en la belleza que hay en esta.

Contiene códigos expresados de manera sublime, como el poder de un abrazo, la insistencia errática del ser, su existencia automatizada y el miedo a compadecer.

Puede decirse que esta pieza es danza-teatro por las operaciones escénicas y sus intérpretes (actores y bailarines); existe una narrativa interesante dada a través del movimiento y la acción.

Es una obra sin fecha de caducidad, completamente pertinente en cualquier tiempo; incluso tiene un tinte de contemporaneidad especial respecto a su época de creación.

Invaluable, única, así es Café Muller.